Serán otros los que te digan quién eres
La mirada de los demás lo mismo te construye o reconstruye que te destruye. De eso va la película con la que Estibaliz Urresola ha triunfado en la Berlinale
Diario Vasco, , 06-03-2023Cuando Kamala Harris se convirtió en la primera vicepresidenta, y sobre todo, afroamericana de la historia de EE UU, hubo quien mostró su estupefacción por el hecho de que fuera considerada negra, cuando la pigmentación de su piel podría coincidir en el pantone de cualquier blanca bronceada en la playa: «Si mi ama la tenía más oscura», comentó alguien en las redes sociales. Lo que sucede es que el padre de Harris era jamaicano y su madre, tamil, y quién decide quién es negro y quién no suelen ser los demás. Y también suele ocurrir lo mismo en torno a otros rasgos de nuestras identidades.
En ‘La mancha humana’, Philip Roth contó la historia del profesor Silk Coleman, quien ante las reiteradas ausencias de clase por parte de dos alumnos, se pregunta en voz alta frente al resto del alumnado: «¿Tienen existencia sólida o se han desvanecido como negro humo?» Para su desgracia, los dos alumnos son afroamericanos, lo cual desata un escándalo mayúsculo que da al traste con la carrera del profesor, acusado de racismo. Coleman guarda un secreto que desactivaría en el acto ese argumento, pero se cuida de utilizarlo: es descendiente de negros, pese a su apariencia perfectamente blanca. Sabe que una vez desvelado el secreto, dará igual el color de su piel porque perderá su condición de hombre blanco y en una sociedad racista, es preferible conservar eso a conservar el trabajo.
Sostenía Sartre que el judío era una construcción del antisemita y efectivamente cuando el nazismo se puso a exterminar a los hebreos, no distinguió entre quienes así se consideraban y asumían, y quienes ni siquiera sabían que lo eran –caso del Premio Nobel Imre Kertész, o quienes no cumplían los preceptos judíos para que los consideraran hebreos. Todos esos tecnicismos dieron igual: fueron los antisemitas quienes determinaron quiénes eran judíos y quiénes no, dando así la razón al filósofo francés.
Cuántas veces la cuestión de quién es o no negro, homosexual o judío ha sido algo que ha decidido el agresor
Conviene distinguir entre lo que cualquiera ha elegido hacer y lo que le ha tocado ser, porque no es lo mismo
De igual forma es el homófobo el encargado de señalar a los homosexuales, aunque ni siquiera lo sean. Basta que una de estas bandas de desaprensivos consideren que alguien tiene ‘pluma’ para que le propinen una paliza, al margen de su condición sexual. Es algo que ya ha sucedido.
También la tan traída y llevada ‘autodeterminación de género’ arrastra el mismo reto que todas las demás ‘autodeterminaciones’: sin el reconocimiento de los otros se queda en papel mojado, como en otro orden de cosas ya le pasó al independentismo catalán, cuya proclamada república cayó en el vacío por falta de eco.
Comentaba Txani Rodríguez en su columna del miércoles, ‘Flipados’, que cuando en alguna conversación surge el nombre de la directora Estibaliz Urresola, los laudiotarras se apresuran a apostillar: «Es de Llodio». Lo cual es cierto, como también lo es que cuando entrevisté a la realizadora el pasado diciembre, con motivo de su nominación a los Goya por el cortometraje ‘Cuerdas’, le comenté mientras el fotógrafo Iñigo Royo la retrataba: «Te volveré a llamar en vísperas de las gala para el reportaje de ‘guipuzcoanos en los Goya’ porque si vives en Hernani, para el DV pasas automáticamente a ser giputxi». Que habrá nacido en Llodio, pero ha elegido vivir en Hernani. Al menos, un ratito, al menos por ahora. Y cuando se mude, pasará a ser «la realizadora ex vecina de Hernani». Todo lo cual no quita para que si, en lugar de una cineasta, se hubiera tratado de un asesino en serie en busca y captura nacido en Llodio, no me hubiera mostrado tan ‘open arms’.
No sabía yo en ese momento que mi chanza enlazaba con su primera película, ‘20.000 especies de abejas’, que acaba de triunfar en la Berlinale y que aborda a través de la niña Aitor/Cocó/Lucía el espinoso asunto de la mirada de los demás, que nos construye, pero también reconstruye y llegado el caso –como ha sucedido hace nada con las gemelas de Sallent víctimas al parecer de acoso escolar–, destruye. Que lo mismo que no hay que salir de noche con navajas, igual también conviene dejar en casa ese dedo índice que se utiliza para señalar al otro, no por lo que ha elegido hacer, sino por lo que le ha tocado ser.
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