Morderse la lengua hoy y en los 90
El País, , 13-02-2023autor diserta sobre la dictadura de lo políticamente correcto en los tiempos que corren. Recuerda una vivencia en la Universidad de Colorado, en los años ochenta, en la que hubo alumnos que cuestionaban las referencias en El lazarillo de Tormes y en El buscón a un negro y un judío. Aquel mismo seminario, actualmente, probablemente le reportaría problemas.
En los años ochenta y en los noventa, los presidentes de clubes de fútbol, y en menor medida entrenadores y jugadores, se preocupaban poco de morderse la lengua. Hoy en día, por mucho menos, caen sanciones de varios partidos. Pero se da por bueno que un aficionado no pueda ir a un recinto deportivo de otro equipo con los colores del suyo. Y qué decir de las proclamas racistas.
Me van a disculpar el chascarrillo políticamente incorrecto al hablar de Vinicius y comentar aquello que le pasó a Kennedy, «que foi a Dallas e levounas». Aún así, es inadmisible lo que tiene que oír.
La lacra del racismo no solo es cosa del fútbol. La semana pasada se hizo viral una seguidora adolescente del Joventut llamando claramente mono, sin dejar de reír, a un jugador rival. Y los dos adultos que la flanqueaban sonreían igualmente.
No es fácil ponerle coto, pero, parafraseando con todo el cariño a José María Caneda, nos «rascamos las vestiduras» por gilipolleces y nos perdemos en debates estériles a la hora de tratar problemas serios.
Viene a la mente una viñeta en un periódico en Estados Unidos de un niño que quería comprar petardos y solo encontraba impedimentos. Hasta que preguntó qué le estaba permitido adquirir, y le trajeron un subfusil, ante su asombro. Son los tiempos que corren, y hay poca capacidad de asombro.
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