El tránsito de migrantes cae un 20% en 2022
Diario Vasco, , 04-01-2023Desde que una persona magrebí o subsahariana mete su vida en una mochila y se embarca en una aventura de incertidumbre, riesgo y peajes por llegar a Europa en busca de algo mejor que lo que deja atrás, los meses o años en el camino son sobre todo algo que se archiva en sus memorias pero no en documentos. Ni conviene dar su nombre real para no comprometer después los trámites para pedir asilo en su destino final, ni tampoco nadie les suele pedir un documento cuando les ‘contratan’ en los campos de Marruecos –o Andalucía, o Madrid…–, donde a menudo trabajan para poder seguir pagando los cánones que exige el viaje. Tal vez porque su tránsito discurre entre las tinieblas de la clandestinidad, se explique el hecho de que la cifra de migrantes en tránsito registrada el último año en Irun haya caído un 20% con respecto a 2021. «No sabemos por qué, pero es verdad que desde la primavera empezó a venir menos gente» hasta la que es su última gran muga con Europa, según coinciden varios colectivos de acogida de ambos lados de la frontera. Por sus contactos con otras redes de apoyo a migrantes en Canarias, saben que a las islas «siguen llegando pateras», pero «por lo que sea», toda esa gente «no está pasando por nosotros».
Ese «por nosotros» se refiere al recurso para migrantes en tránsito que Cruz Roja gestiona en Hilanderas y al voluntariado de Irungo Harrera Sarea que por las noches hace el turno de ‘gautxori’ aguardando posibles llegadas africanas a la estación de autobuses y Renfe, y por las mañanas informa y despide a esas mismas personas en su oficina de quita y pon en la plaza San Juan.
Si en 2021 fueron casi 8.000 (7.939) las personas en tránsito atendidas en el centro de Hilanderas, según informó el departamento de Igualdad, Justicia y Políticas Sociales del Gobierno Vasco, el último año la cifra apenas superó las 6.000 (6.139 hasta el 20 de diciembre, 1.800 menos), según los datos aportados desde Cruz Roja, gestora del centro. Ese volumen incluye tanto a las que pernoctaron como a las que únicamente repusieron fuerzas en el comedor o simplemente recargaron su teléfono móvil, su bien más preciado.
Más del 40% (2.596) fueron atendidas durante el primer trimestre –el mayor volumen se alcanzó en marzo, con 906–, dando continuidad a las altas cifras registradas en los tres últimos meses de 2021. Sin embargo, después, el resto de los meses salvo en junio (516) no se superaron los 500, y últimamente se venían promediando 300-400, a razón de «unos diez o quince al día».
En la muga tienen la sensación de que «ahora» llegan menos migrantes, pero no se atreven a aseverar que el flujo migratorio haya descendido. Más bien, tienden a pensar que o bien «están pasando por otro sitio» o lo hacen «a través de mafias», las cuales han podido ver favorecida su capacidad de atracción por «los controles de la policía francesa» en el puente de Santiago, Behobia y Biriatu. «Ellos ya saben que existen esos controles racistas, también que la alternativa desesperada de cruzar el Bidasoa se ha cobrado varias vidas, algo que también nosotros les recalcamos para que no lo intenten, por lo que muchos terminan pagando para asegurarse el paso». Lo harían, por tanto, a espaldas de los registros oficiales, que no detectan las aguas subterráneas del río migratorio.
En la memoria migratoria de 2022 quedarán los dos subsaharianos ahogados en el Bidasoa en su intento de alcanzar la orilla en la que vislumbraban sus sueños. La primera sacudida del río fronterizo llegó el 12 de marzo, cuando el senegalés Ibrahim Diallo, ‘Samba’, falleció a los 24 años de edad. La segunda, el 18 de junio, se tragó las ilusiones del guineano Abderraman Bas. Acababa de cumplir los 25 años y se había topado con la policía gala antes de aventurarse a surcar el río. La intención de ambos era buscarse la vida en Francia, y encontraron la muerte en un río de 30-40 metros de anchura. En 2021 fallecieron otros siete migrantes: tres en aguas del Bidasoa, otro ahorcado en la orilla, y otros tres arrollados por un tren cuando descansaban en la vía en Ziburu.
Las cicatrices del camino
El perfil de quien migra desde África hacia Europa a través de Irun apenas ha variado. La mayoría son hombres jóvenes de entre 20 y 30 años. «Pocos» son menores de edad –algunos ocultan este hecho– y alrededor del 10%-12% son mujeres. Desde Irungo Harrera Sarea trasladan que los países de origen mayoritarios siguen siendo Costa de Marfil, Guinea-Conakri y Mali, aunque desde el verano han tenido constancia por primera vez de emigrantes de Sudán, pese a que la salida marítima más lógica de este país sea a través de Libia o Egipto al Mediterráneo Central.
Sudaneses eran la inmensa mayoría de los al menos 23 migrantes fallecidos el 24 de junio en la valla de Melilla. Ninguno de los supervivientes de esta tragedia ha sido detectado en Irun, aunque sí del anterior salto masivo, el 2 de marzo. «Alguno nos ha enseñado las cicatrices» de aquella mañana. Casi son la única prueba documentada de su viaje desde África.
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