Gipuzkoa en la diversidad

La migración se ha convertido en un fenómeno que ha venido para quedarse y que ofrece un gran potencial de futuro

Diario Vasco, EDITORIAL DV, 05-12-2022

Basta echar una mirada a nuestras calles ya en el actual ambiente de bullicio prenavideño en Gipuzkoa para cerciorarse del profundo cambio sociológico que se ha registrado en nuestra sociedad más próxima con la llegada de migrantes de diferentes áreas del mundo, una realidad cada vez más diversa y plural que forma parte de la complejidad que nos rodea y que nos enriquece. La inmigración se ha convertido en un fenómeno contemporáneo que ha venido para quedarse y, en vez de plantearse como un problema, como hacen algunos desde la demagogia más injusta, constituye una oportunidad para nuestra sociedad para enriquecerse desde la asunción natural de las identidades compartidas, no excluyentes, y para avanzar hacia mestizajes de todo tipo que moldean el ADN del futuro. Así fue por parte de tantos decenas de miles de emigrantes de otras comunidades autónomas del resto de España –Castilla León, Extremadura o Andalucía, sobre todo– que a lo largo del siglo XX, sobre todo, vinieron a las fábricas de Gipuzkoa en busca de trabajo o de un futuro mejor y huyeron de la pobreza de sus lugares de origen, contribuyendo de forma esencial a forjar la personalidad de la Gipuzkoa moderna del presente en la mayoría de sus municipios más industrializados. Muchas de las familias de hoy son el fruto de esa síntesis de culturas. Así lo hicieron decenas de miles de vascos y guipuzcoanos que huyeron de las guerras y de las hambrunas del siglo XIX o todos aquellos que huyeron de la persecución de la dictadura de Franco y encontraron cobijo en otros países de asilo. Lo mismo ocurre con quienes en los últimos años han procedido de otros países del este de Europa, de África o de América Latina, cuya conexión cultural a través del español supone un elemento integrador. En el horizonte colectivo, el objetivo de una sociedad cohesionada y menos desigual. Sectores como la construcción, el transporte, la atención a los dependientes y la hostelería se derrumbarían sin los migrantes, la otra cara de una realidad viva más necesaria que nunca para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones. En un paisaje demográfico como el nuestro que está marcado por el envejecimiento acelerado de la población, la prolongación de la calidad de vida y por el descenso de la tasa de natalidad hasta mínimos históricos, esta nueva fotografía de una migración novedosa y dinámica descubre un potencial de futuro que hay que cuidar con esmero.

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