«Merecen la pena las 32 horas en coche para ver a la familia en Marruecos»
Diario Vasco, , 18-07-2022El área de servicio de Oiartzun en la AP-8 acoge estos días un tránsito incesante de vehículos que llegan desde Francia y el norte de Europa. Algunos de sus ocupantes hacen escala en este punto para descansar del largo viaje. Aun así, no son tantos los que reposan más de cinco minutos; la mayoría llena el depósito en la gasolinera, pasa por los aseos y arranca camino al Magreb. Muchos repiten el camino cada año, aunque la pandemia les ha privado de viajar durante los últimos dos veranos. Para los no habituales, frente a la gasolinera hay un puesto de información donde se indica cuál es la ruta hasta Marruecos, y, a su lado, en otra garita, se venden los tiques para cruzar en barco desde Motril, Algeciras o Tarifa.
Miles de familias marroquíes vuelven a reencontrarse tres veranos después. La pandemia supuso el cierre de fronteras y la Operación Paso del Estrecho quedó desactivada. Este verano, por los puertos andaluces ya han pasado más de 411.000 pasajeros y 101.000 vehículos. Francia, Holanda, Bélgica… son algunas de las procedencias de los coches cargados de bártulos en las gasolineras guipuzcoanas. Hassan Tahri, rodeado de mapas, explica en su garita que «el mayor flujo pasó hace unos días, ya que muchas familias optaron por celebrar la semana del cordero en Marruecos». La principal preocupación de los que acceden al punto de información es la situación para cruzar el estrecho. «Preguntan por las colas y sí que las hay, pero aunque haya que esperar cinco o seis horas todos acaban pasando a Marruecos», asegura Hassan.
«Los viajeros preguntan por las colas para cruzar el estrecho; y aunque haya que esperar varias horas, se acaba pasando»
Mohamed El Baz sale del coche y reposta. Su hijo, de apenas tres años, abre la puerta para estirar las piernas, mientras su mujer decide resguardarse del calor dentro del vehículo. Salieron de Utrech, Holanda, ayer a las 23.00 horas y llevan casi 12 seguidas en la carretera. Todavía les queda un largo viaje, pero hoy dormirán de camino, en la zona de España que se encuentren según se acerque la noche. «Llevábamos tres años sin visitar a nuestros padres y el viaje de 32 horas merece la pena», sonríe Mohamed. Todavía no saben por donde cruzarán el estrecho, la opción más barata será la elegida.
Otro vehículo espera su turno frente a los surtidores. Dentro, a Aknoch le acompaña su mujer y sus cuatro hijos. Dado que han aprovechado el maletero para sentar a uno de los niños, todas sus pertenencias viajan en el techo del coche. Residentes en un pequeño pueblo cercano a París, el viaje hasta su destino son 1.800 kilómetros. «Llegaremos a Tarifa para cruzar a Tánger», explica Aknoch con una notable prisa. Tres años ha sido un largo periodo sin reencontrarse con su familia y ahora lo harán durante un mes y medio.
«Este verano se notan unas ganas enormes de viajar entre las personas que tienen que llegar al norte de África»
Aparcados a pleno sol, Abdelkader Zekraoui y Nayem Sidi El Mohtar charlan fuera de su coche. Dentro, el conductor duerme con la poca sombra que ofrece una toalla en la luna del vehículo. En este caso, su destino no es Marruecos, ya que visitarán a unos amigos que viven en Madrid. Los saharauis comentan como la mayoría de sus amigos marroquíes emprenden este viaje todos los años y que «este verano se notan unas ganas enormes entre ellos de cruzar el estrecho». Mientras descansan en la gasolinera de la AP8 en Oiartzun, las familias continúan el viaje hacia el Magreb tras repostar.
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