Cáritas confía en cambiar la sede de su comedor social de Vilagarcía antes de final de año

El local está a la espera de la licencia de obra municipal

La Voz de Galicia, E.A. / R.E. REDACCIÓN / LA VOZ, 23-06-2022

a noticia trascendía el pasado mes de octubre: la herencia de una persona benefactora iba a permitir a Cáritas acometer un plan en el que llevaban años trabajando: cambiar la sede de su comedor social. Entonces, la oenegé explicó que ya había adquirido un bajo, cerca de la playa. La operación, indicaron ayer desde Cáritas Santiago, supuso un desembolso de 260.000 euros; la adaptación del mismo a las necesidades de la organización y a su futuro servicio costará 680.000 euros. Los trabajos, explicaron en una rueda de prensa convocada para hacer balance del año, están pendientes de la concesión de la licencia municipal para la obra. En cualquier caso, confían en que esta no se demore ya mucho y, de hecho, prevén que las nuevas instalaciones puedan entrar en funcionamiento antes de final de año.

La donación recibida de su benefactor a título póstumo no permitirá afrontar todo el gasto derivado de esta actuación, pero sí la mayor parte del mismo. De hecho, explican desde la entidad que han cerrado las cuentas del año pasado con superávit de 754.000 euros gracias a esa donación.

De todos estos asuntos dio cuenta Cáritas Diocesana de Santiago en el transcurso de un encuentro con los medios convocado para analizar el trabajo realizado durante el pasado ejercicio. En ese año, Cáritas atendió a 40.557 personas. De ellas, un 55,6 % fueron mujeres mientras que el 58,37 % del total corresponden a demandantes de nacionalidad española, frente a un 33,85 % de personas de procedencia extracomunitaria y solamente el 4,4 % pertenecen a países de la Unión Europea. En el segundo grupo está incluidos los refugiados de Ucrania, de los que 43 (mujeres y niños) viven en estos momentos en el albergue del centro de peregrinación del Monte do Gozo.

La pobreza, en femenino

Este cruce de cifras confirma que «la pobreza cada vez tiene más nombre de mujer», según evidenció el director diocesano, Anuncio Mouriño, en la presentación del balance de gestión del año pasado, en el que se produjo un descenso en el número total de personas atendidas respecto al 2020, en el que el impacto de la pandemia fue mayor. También reconoce Cáritas que el sistema de tarjeta monedero establecido por la Xunta sí se dejó sentir, mientras que el modelo de renta básica tiene más dificultades de éxito porque los requisitos exigidos son difíciles de cumplir para muchas personas, cuya precariedad genera que acepten contrataciones irregulares y alquileres no reconocidos por los propietarios. El informe de Cáritas confirma que la franja de edad que más necesita apoyo social, con un 44 % del total, corresponde a personas de entre 36 y 65 años de edad, frente a los de 13 a 25 años (14%), mientras que los mayores de 66 suponen el 5,5% del total y los menores de 12 a 17, el 13,2%.

Las personas sin ingresos son las mayoritariamente recibieron algún tipo de ayuda de Cáritas, ya que el 64,2% no tenían ingresos. Sobre este último grupo, Cáritas alerta de que se está creando una «tormenta perfecta» para el desequilibro socioeconómico por el crecimiento de la inflación, que merma la capacidad de las personas más necesitadas para adquirir alimentos y para afrontar el pago de alquileres.

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