La representación importa

África Salomé, cantante y activista afrofeminista venezolana, explica por qué una muñeca es más que un objeto de entretención y habla sobre cómo fue crecer sin suficiente representación en los medios, en la política y, sí, también en los juguetes

El País, SALLY PALOMINO, 11-04-2022

La primera Barbie de 2022 ha salido al mercado y es un homenaje a la activista y periodista afroamericana Ida B. Wells. Mattel ha lanzado una colección de mujeres que inspiran. Ahí están Wells, Rosa Parks y Maya Angelou: mujeres negras que hicieron historia. África Salomé, cantante y activista afrofeminista venezolana, explica por qué una muñeca es más que un objeto de entretención y habla sobre cómo fue crecer sin suficiente representación en los medios, en la política y, sí, también en los juguetes.

África Salomé creció creyendo que no había nadie más como ella. “No existo en mis juguetes, no existo en la televisión”, escribía hace poco en la plataforma Afroféminas sobre sus recuerdos de infancia. “Cuando somos niñas siempre vemos de todo en la televisión, pero muy pocas veces vemos a personas que se parezcan a nosotras y eso tiene efectos en la autoestima, en nuestra vida”, dice por teléfono desde Caracas, horas antes de ofrecer un concierto. África, que también sufrió burlas por llevar ese nombre, hace activismo antirracista, es cantante de jazz y de soul, también es actriz. “El racismo empieza en el colegio. Unas de las cosas más fuertes que recuerdo es cuando me pedían dibujar a mi familia y lo hacía usando el color café o el negro, y los profesores me decían que estaba mal, que tenía que usar el color carne, el color piel”.

La cantante y activista venezolana, África Salomé. Foto: Leo Sequera.
La cantante y activista venezolana, África Salomé. Foto: Leo Sequera.
La representación importa. En un juguete, en una telenovela, en el poder. “No vernos en ninguna parte puede crear un problema de identidad, que nos lleva a querer cambiar nuestro cabello, nuestra piel”, dice Salomé, que durante muchos años intentó alisar su pelo, verse igual al resto, parecerse en algo a las muñecas con las que jugaba, a las “cómplices de las tardes de juegos, donde los sueños fluyen y la identidad se desarrolla”, como dice ella. Celebra que cada vez haya más diversidad: en una Barbie, que ha cambiado y ha dejado atrás una única forma de belleza, blanca, flaca y de pelo liso, pero también y sobre todo en el poder. Ketanji Brown Jackson, que acaba de convertirse en la primera jueza negra del Tribunal Supremo de Estados Unidos, o Francia Márquez, que ha revolucionado la política colombiana, son dos ejemplos, la evidencia de que algo está cambiando. No es que nunca hayan existido, es que ahora son visibles. “Estamos en todos los sectores de la sociedad…. Pienso en Angela Davis, en Billie Holiday, mi artista favorita, pienso en todas las que han logrado romper el molde”, dice. Esas referencias, cuenta, le ayudaron a reconocerse. “Fue un proceso bastante duro porque el endorracismo con el que creces te hace dudar, te afecta tu salud física y emocional, pero la raíz nos salva”, dice. Y habla con orgullo de su abuelo, que también fue músico, de las tardes en su casa, con su familia, escuchando jazz, bailando con los sonidos de la Fania All Stars.

Salomé tiene 26 años y ha sufrido el racismo en su país, donde las personas negras no tienen suficiente visibilidad y que en el caso de las mujeres, si aparecen en algo, especialmente en los medios, suelen ser hipersexualizadas. Ella lo ha vivido. Recuerda que alguna vez le ofrecieron un personaje. “Era de una chica sexy, ni siquiera tenía nombre, se llamaba así ‘chica sexy’”, cuenta. Ahora le causa gracia, parece un chiste, pero es una muestra de cómo, incluso en la televisión, sigue siendo escasa una representación real, sin prejuicios. “Esa representación negativa también afecta la percepción y el sentido de pertenencia que se tiene sobre los cuerpos”, ha escrito en uno de sus ensayos sobre ser una mujer afro en América Latina.

“Cuando vi Encanto, fue increíble, ¡eso fue un regalo!”, dice emocionada sobre la película de Disney que retrata a una familia colombiana donde ninguno de los personajes responde a los modelos tradicionales que se ven en el cine. “Esas texturas del cabello de Antonio, ese cabello es tan parecido al mío”, dice sobre lo que sintió al ver en la pantalla a uno de los protagonistas, un niño crespo, como ella. Incluso en una cinta animada, la representación importa.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)