Festival de Cine y Derechos Humanos
Un refugiado como objeto de arte
'El hombre que vendió su piel', de Kaouther Ben Hania, inauguró ayer la decimonovena edición del Festival de Cine y Derechos Humanos
Diario Vasco, , 04-04-2022Cuando la directora tunecina Kaouther Ben Hania concluyó ‘El hombre que vendió su piel’ llegó a pensar que la película nunca se estrenaría. El filme había sido seleccionado para el Festival de Cannes de 2020, que fue suspendido. La incertidumbre del principio se convirtió en una serie de buenas noticias porque finalmente se presentó en la Mostra de Venecia de ese mismo año y fue el primer título de su país, Túnez, en ser nominado a los Oscar en la categoría de mejor película internacional. Antes de llegar el próximo viernes a las salas comerciales españolas –«es la primera vez que una película mía se estrena aquí»– ayer inauguró la decimonovena edición del Festival de Cine y Derechos Humanos de Donostia.
No es la primera vez que Ben Hania participa en el certamen. Ya lo hizo en 2018 con ‘La bella y los perros’, que fue la encargada de clausurar la edición y recibió el premio Amnistía Internacional. «Estoy muy contenta de volver. He estado en la clausura y ahora en la inauguración. No sé con qué volveré la próxima vez. Algo intentaré porque el festival me encanta y la ciudad también».
EL PROGRAMA DE HOY
‘Matrioskas, las niñas de la guerra’ Helena Bengoetxea. 74’. Victoria Eugenia, 12.00 h. Castellano y ruso, con subtítulos en castellano
‘In Search of Monsters’ Jon Goetz, Ben Hopkins. 89’. Inglés. Subtítulos en euskera. Victoria Eugenia, 16.30 h.
Cortometrajes Teatro Principal, 17.00 h. 165’.
‘Vaca’ Andrea Arnold. 94’. Inglés. Subtítulos en castellano. Victoria Eugenia, 19.00 h.
‘Ali & Ava’ Clio Barnar. 95’ Inglés. Subtítulos en castellano. Antes se proyectará ‘Tótem Loba’, de Verónica Echegui. 23’ Castellano. Victoria Eugenia, 22.30 h.
‘El hombre que vendió su piel’ cuenta la historia de un refugiado sirio en Líbano, que para poder ir a Bruselas donde se encuentra su novia, inmersa en un matrimonio de convivencia, acepta que uno de los artistas contemporáneos más importantes del mundo le tatúe la espalda y así convertir su cuerpo en una cotizada obra de arte.
El lugar correcto del mundo
«Desde una mirada de superioridad, concebimos a los refugiados como alguien que tiene una elección, cuando en realidad lo único que pueden hacer es intentar sobrevivir. No tienen otra opción y por eso se llama tráfico de humanos. Son personas que no han nacido en el lugar correcto del mundo», comenta la directora tunecina cuando se le pregunta si personas como el protagonista de su película, que deben abandonar su país sin desearlo, podrían tomar la decisión de venderse como en una subasta.
La idea que originó la película le surgió cuando se encontraba en el Louvre en París y vio una exposición del belga Wim Delvoye. «Allí vi ’Delvoye’s Tim’ en el que el artista había tatuado la espalda de Tim Steiner, que estaba sentado en un sillón sin camisa mostrando el diseño», recuerda la directora.
La película es «un encuentro entre el mundo del arte contemporáneo y el mundo de los refugiados; dos mundos sellados que se rigen por códigos totalmente diferentes. Por un lado, tenemos un mundo elitista, establecido, donde la libertad es la palabra clave y, por otro, un mundo de supervivencia impactado por los acontecimientos actuales donde la ausencia de elección es la preocupación diaria de los refugiados. El problema es que vivimos en un mundo donde las personas no son iguales», reflexiona Ben Hania, que en el reto de mantener el equilibrio y no caer en el absurdo, recurre en ocasiones al humor negro para que «una situación dramática incluso te pueda hacer sonreír».
‘El hombre vendió su piel’ también es una crítica no al mundo del arte sino a su mercado al que califica como «un mecanismo de comercialización exacerbada, es una reflexión de lo peor del capitalismo».
Niños y jóvenes reflexionan sobre el medio ambiente
Dentro del Festival de Cine y Derechos Humanos, una de las actividades más veteranas es la exposición de dibujos y murales realizados por niños y jóvenes entre 6 y 18 años sobre un tema vinculado al certamen. En esta edición, que ha venido precedida de dos años de pandemia, se ha invitado a recapacitar sobre el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado y al deber de conservarlo.
Han participado 2.042 personas de centros escolares, haurtxokos, centros de acogida, academias de arte y a título particular. En la muestra se pueden ver 1.457 obras individuales y grupales diferentes.
La exposición se encuentra instalada en el edificio del Victoria Eugenia, en el local que tiene su entrada por la plaza Okendo y se puede visitar hasta el próximo viernes.
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