Gipuzkoa abriga a Kara Tepe, el campamento que tirita de frío
SOLIDARIDAD Los primeros contenedores que salieron de Gipuzkoa cargados de zapatos y mantas a través de la ONG Zaporeak llegan ya a los campos de refugiados de Grecia y Siria
Diario Vasco, , 07-02-2022El termómetro se desploma por debajo de los cero grados y el frío polar se adueña de Kara Tepe, en la isla griega de Lesbos. Allá, miles de personas, la mayoría mujeres y niños, intentan resguardarse del temporal en tiendas de campaña, entre cartones o plásticos y caminan en chanclas sobre la nieve y el hielo. Otros, duermen a cielo abierto. «No tienen nada. El invierno está siendo muy duro», alerta Peio García Amiano, fundador de Zaporeak. Esta oenegé guipuzcoana, que reparte 1.500 raciones de comida a diario en este campo de refugiados, ha conseguido reunir «gracias a la solidaridad de la ciudadanía vasca» un total de 150.000 pares de zapatos para calzar los pies de las miles de personas que «malviven» en este lugar y los primeros contenedores ya están llegando a los campos de Lesbos, Atenas, Samos, y Patras, en Grecia.
«La semana que viene, con la colaboración de la Asociación de Ayuda al Pueblo Sirio sale otro contenedor para el campo de Idlib, en Siria, con calzado nuevo, mantas y pupitres para la escuela», explica García Amiano, conmovido por la respuesta de la gente al llamamiento que realizaron para la recogida de calzado el pasado mes de noviembre para hacer frente a las bajas temperaturas. «Una vez reunido todo el material donado, hubo que comprobar cada par, seleccionar por números, clasificar por niños, mujeres y hombres y por tipo de calzado. Se trata de intentar dar las mayores facilidades a las diferentes oenegé que trabajan sobre el terreno y que luego reparten ahí el calzado porque ponerse a seleccionar en el lugar sería una locura».
Los envíos del calzado, en contenedores «cada uno cuesta 7.000 euros», se han realizado de forma proporcional, porque «no se puede llegar a todos, hay miles de refugiados en los campos, así que de momento se han enviado dos contenedores a Kara Tepe, otros dos a Atenas y uno a Samos, pero queremos seguir enviando más mantas y material». El invierno es «muy duro y solo cuentan con una tienda de campaña» como único cobijo para soportar las bajas temperaturas. «En Moria, se podían resguardar con plásticos o palés colocados en el suelo pero aquí no les dejan y en cuanto llueve, una chaparrada de agua lo inunda todo», cuenta el fundador de Zaporeak, mientras rescata la imagen de un joven que capturó con su móvil.
Se llama Amedh y en la foto vestía unas chanclas blancas de verano con las que fue sorteando el frío. La imagen de sus pies descalzos mientras engullía un plato de legumbres bajo la lluvia, sin más resguardo que un impermeable fue lo que le hizo pegar un golpe sobre la mesa. «Me impactó aquella instantánea. Estaba con unas chancletas de playa y me dije que eso no podía ser. Y de ahí la recogida de zapatos, que para ellos ha supuesto un punto de ilusión. Es lo único que les queda, esa satisfacción de cuando llega comida, leche, ropa de abrigo, incluso cuando les damos caramelos a los niños, se vuelven locos… son pequeñas cosas que para ellos son muy valiosas».
Dos voluntarios realizan la selección de calzado recién llegado de Gipuzkoa.
Dos voluntarios realizan la selección de calzado recién llegado de Gipuzkoa. / ZAPOREAK
Las primeras cajas de zapatos que salieron desde Gipuzkoa abrigan ya los pies de Amedh que huyó de la guerra y se vio obligado a cobijarse en un campo de refugiados, donde lo único que encontró fue desamparo, escasez de alimentos, falta de atención médica, insalubridad y hacinamiento: una «cárcel» que ha ido ensanchando sus rejas.
Después de que el campo de Moria, el mayor de Europa que aglutinaba a más de 13.000 personas en un lugar inicialmente previsto para 3.000, fuera arrasado por las llamas en septiembre de 2020, el realojo se hizo en el campo de Kara Tepe, donde viven ahora «unas 4.000 personas, muchas de ellas afganas. No tienen nada, casi no tienen acceso a electricidad ni agua ni a ninguna fuente de calor, las condiciones de vida son insalubres. Pero Atenas está peor, está llena de refugiados por las calles y plazas».
La desesperanza de llevar años atrapados en los campos está haciendo mella en la salud mental y lleva a muchos de ellos «a preferir que les mate una bomba en su país a estar malviviendo por más tiempo». Es la brutal lógica en Kara Tepe. «Hay muchos intentos de suicidio», expone García Amiano, que explica cómo «cada vez es más complicado salir de la isla, los controles son muy estrictos». Dada su proximidad con Turquía, Lesbos es uno de los principales accesos a Europa para las personas refugiadas que cruzan el mar Egeo huyendo de sus países de origen. El incesante flujo de llegadas y las peticiones de asilo pendientes han provocado un hacinamiento inhumano en los diferentes campos de refugiados.
El equipo de voluntarios de Zaporeak «no ha parado en ningún momento y seguimos repartiendo 1.500 raciones de comida diarias en Lesbos. Durante la pandemia, cuando la cosa se complicó más, se quedaron un par de voluntarios junto con una docena de refugiados a quienes se les enseñó las tareas» para seguir prestando ayuda a la población refugiada. «Ahora que parece que empezamos a ver la luz con la pandemia tenemos muchos proyectos en la cabeza. El día 27 vamos a organizar una recogida de alimentos en el campo de Anoeta, en el partido de la Real contra Osasuna. Estaremos en todas las puertas».
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