UN ‘NOIR’ TINTADO DE DENUNCIA

Óscar Martínez: «Hay muertes. Punto»

Así como el negro y el policiaco retratan una realidad, el periodismo pisa el mismo terreno, con otras intenciones. Así lo demuestra Óscar Martínez en ‘Los muertos y el periodista’

ABC, Karina Sainz Borgo, 06-11-2021

Óscar Martínez lleva más de una década cubriendo información sobre migración y desplazamiento forzado en Centroamérica. Lo ha hecho como reportero del digital salvadoreño ‘El Faro’ y ha dedicado largos reportajes a seguir de cerca historias y testimonios como el que recoge en ‘El niño de Hollywood’, en cuyas páginas explica las pandillas a través del perfil de uno de sus sicarios. Son casi trece años cubriendo estas historias. Conoce de primera mano la violencia de la Mara Salvatrucha y también la de la policía. Atesora experiencia suficiente como para tener algunas certezas. Por eso las ha dejado por escrito en ‘Los muertos y el periodista’, un ensayo-crónica recientemente publicado por Anagrama en el que Martínez hace un ejercicio de reflexión sobre el periodismo y el alcance del ejercicio de la profesión. «¿Cambia vidas el periodismo?», se pregunta el reportero. «Sí, el periodismo cambia vidas. Algunas las cambia rotundamente. Tras la aparición de los periodistas, algunas vidas no son iguales. Son peores», descerraja.

A lo largo del libro, Óscar Martínez hilvana el periodismo con la muerte de tres de sus fuentes: Rudi, un joven pandillero («hoy he conocido a un muchacho que será asesinado», escribió Martínez en su libreta aquel día) y sus dos hermanos. La muerte del chico era para él era cuestión de tiempo, pero la de sus hermanos no. Y es justamente en esa duda donde se despliega un ensayo cuyo mayor atributo es lo periodístico. En más de una ocasión, el texto se comporta como una crónica, lo empica una necesidad de estrujar las palabras antes de que se sequen y se entumezcan con el paso del tiempo.

Óscar Martínez

La relación entre lo vivido y lo aprendido ofrece una mirada sin autocomplacencia ni poses. Después de años recorriendo Nicaragua, El Salvador, Honduras, México y Guatemala, Óscar Martínez sólo tiene claro un asunto: hay que ser honestos con las fuentes. Si él no hubiese aparecido en sus vidas, si no hubiese querido saber más, ¿estarían vivas estas personas? ¿Qué ha dejado todo esto en su interior? ¿Ha dejado algo? ¿Tendría que hacerlo? «No es un libro que pretenda explicar a una pandilla ni a un país, sino rasgos humanos generales y el oficio ejercido en el abismo moderno», escribe.

Dar respuestas

Así como el negro y el policíaco retratan una realidad, el periodismo pisa el mismo terreno, con otras intenciones. Está obligado a dar respuestas, a buscar verdad donde falta información. No puede ser impuntual, ni hacerse la vista gorda. Estudiar e informar la violencia en uno de los lugares más violentos del mundo se convierte para Óscar Martínez en una oportunidad de reflexión. «Retratar la realidad se puede hacer desde muchas disciplinas. La periodística, creo luego de haberlo pensado por años, te deja (o debería dejar), si se hace bien, con persistencia, con permanencia, con calidad narrativa, un desasosiego mayor luego de concluir: eso así pasó, a unos kilómetros de donde estoy almorzando, a unas personas con esos nombres, en un lugar con ese nombre, en esos días», contesta Óscar Martínez.
Contar la violencia de uno de los sitios más violentos del mundo mueve a la reflexión

Sobre la incisión más precisa y recurrente del periodismo como material novelesco, el reportero salvadoreño no transige. «La línea que acerca la literatura con el periodismo, más allá de los géneros que sean, son los recursos y procesos narrativos: construcción de personajes (en el texto), elaboración de estructuras narrativas, por ejemplo. Por lo demás, y a riesgo de sonar básico, pero es que ya estoy un poco curtido de esas discusiones sin fin y con eterna lontananza, el proceso de creación es diferente por una razón básica: el periodismo te prohíbe inventar. Esa regla, que ya suena a otro siglo para algunos colegas, yo la sigo teniendo en mi credo. Podés no entender, y lo decís; podés dudar, y lo decís; podés opinar, concluir, interpretar, pero no inventar. Yo no puedo crear un personaje como Rudi, el personaje central de mi libro, y rodearlo de todas las miserias de las que estuvo rodeado porque un día se me ocurrió frente a mi computadora. Debo ir, debo ver, debo registrar, debo comprobar, debo confirmar, luego volver, y solo entonces puedo escribir. No lo digo con desprecio al método del escritor de ficción, lo digo con convicción por el mío, y quizá por ello pueda sonar un tanto altivo. Si así fue, perdón, no era mi intención, nunca menospreciaría el poder de inventar, solo es que no lo ejerzo».

Él habla, pegado a la fosa, desde donde el periodismo sí se atrevió a llegar. En el prólogo del libro, Óscar Martínez pide al lector una sola cosa, una: que lea o abandone. Que atraviese junto al periodista hasta llegar al fondo del mundo que ha visto y en el que, pase lo que pase, hay y habrá muertes. Punto. Alguien tiene que contarlas.

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