El mobiliario que excluye a los 'sin techo'
Arquitectura hostil. Pinchos en portales, bancos que desaparecen, túneles tapiados con ladrillos... DV recorre con Cáritas los lugares en Donostia que se han llenado de obstáculos físicos
Diario Vasco, , 03-11-2021Imagínese, por un momento, que pierde su casa. Tras pasar el día fuera, regresa a su hogar con la única intención de dormir. Descansar unas horas antes de retomar su rutina, sea cual sea, con la mala suerte, si se puede hablar de azar –en muchos casos no lo es–, de que se encuentra con que han derruido su habitación. Es de noche, hace frío y no tiene a dónde ir. Lo que para usted es solo una pesadilla que desaparece en cuanto abre los ojos, para el millar de personas que en la actualidad se encuentran sin hogar en Gipuzkoa (unas 200 en Donostia) es una realidad. Ese obstáculo ha sido bautizado como arquitectura hostil contra los ‘sin techo’, una realidad urbanística que denuncian desde Cáritas y que hoy expondrán en las jornadas ‘Oztopoak gaindituz’ (Superando obstáculos) que la entidad diocesana ha organizado para hoy, a las 9.00 horas, en el auditorio Carlos Santamaría de la UPV/EHU.
San Sebastián tiene su propia ruta de arquitectura hostil, que podría empezar en Amara, en la intersección de la calle Sancho el Sabio con la plaza del Sauce. Dos bancos donde habitualmente descansaba una mujer sin hogar separaban ambas zonas. Hace meses que estos asientos, que noche sí y noche también servían de cama para esta persona, entre otras, han desaparecido.
Sin hueco suficiente
Un pasadizo en la zona de Intxaurrondo donde dormían sin techo amaneció tapiado con cemento y ladrillos
A Ander Mujika, trabajador social del programa Bidelagun de Cáritas Gipuzkoa, le cuesta hablar de una razón que sea pura casualidad. «No se quiere actuar a favor de esta gente. Es más fácil quitar bancos, poner pinchos en portales o cerrar puentes», se lamenta, conocedor muy de cerca de la situación que vive este colectivo, formado en gran medida por jóvenes inmigrantes que pasan un año de media en la calle.
Púas. Un portal del barrio de Gros, con pinchos que impiden sentarse. Una mujer sin hogar descansa en el suelo en una zona donde antes había bancos. En Atotxa también hay barras en muchos salientes. / Morquecho / Cáritas
Sin los bancos que se habían convertido en casa para la mujer de Sancho el Sabio, esta ha tenido que buscar alternativas. De día, el suelo, allí cerca. De noche, algún albergue, en el mejor de los casos. En el peor, un lugar que aún no haya sido truncado por la arquitectura hostil. Si queda.
Mobiliario
Una mujer sin hogar solía pasar horas en un banco en Amara. Un día, el asiento desapareció y ella sigue allí, pero en el suelo
De Amara, hacia Gros. Los alrededores de la plaza del Txofre son otra parada obligatoria en la ruta que recorre Cáritas. Los pinchos que han colocado en la mayoría de portales impiden sentarse, y en consecuencia, que cualquier persona pueda descansar allí un rato. El obstáculo en todo momento es arquitectónico, pero detrás de las púas de metal hay «decisiones personales. Todos somos muy solidarios, pero nos quejamos si en el portal de casa duerme una persona sin hogar», se lamenta Mujika. El de los indigentes es un colectivo «criminalizado» por el «desconocimiento» que hay a su alrededor, «cuando muchos se pasan el día en cursos, pero no tienen los recursos suficientes para alquilar una casa». Otros, la minoría, tienen problemas de adicciones o incluso enfermedades mentales, pero, se pregunta Mujika, «cómo no van a tenerlos si han estado tanto tiempo en la calle, viviendo situaciones límite».
Antes de la pandemia, un grupo de personas sin hogar residía en un pasadizo cerca de Txara, en Intxaurrondo. Ahora, ese túnel ha sido tapiado con cemento y ladrillos, haciendo minúsculo el techo bajo el que se refugiaban. «La solución es abrir más espacios. Viviendas dignas también para estas personas. Y hay que verlo como una inversión para evitar que consuman o roben, no como un gasto». Pero, hasta que se consiga ampliar el número de recursos «no se puede hacer como que estas personas no existen. Ayudémosles al menos a que lo que ya es una mierda sea mejor», exige Mujika desde Cáritas.
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