A contracorriente

Cuanto peor, mejor

Las noticias que llegan de España pintan un panorama apocalíptico

ABC, David Alandete, 29-09-2021

Uno a veces se pregunta si la ciudad que dejó atrás hace tres años es Madrid o Teherán. Por lo que me llega a Estados Unidos por redes sociales y no pocos medios, España se ha convertido en un país racista y homófobo, intolerante como pocos, desgarrado por una feroz desigualdad, donde «uno de cada tres niños está en riesgo de pobreza» y se «vulnera el derecho fundamental a la educación inclusiva» (son titulares reales).

No es de extrañar, pues parece ser que España está controlada por una horda fascista que se ha apoderado de las instituciones. Facha es toda la derecha y el centro, por supuesto, y no pocos en la izquierda tradicional, incluidos Felipe González, Nicolás Sartorius, Josep Borrell, Gaspar Llamazares y Paco Frutos, por recordar solo a algunos. Fachas son casi todos los periodistas en Madrid y los medios en los que trabajan, la mayoría de los jueces y también los cuerpos de seguridad del Estado. Fachas son las provincias, la Transición, la Monarquía constitucional, el Parlamento y hasta el Código Penal.

Que haya no pocos españoles que crean que el panorama es así de desolador demuestra el gran éxito de la estrategia independentista, vasca y catalana, que durante décadas ha invertido un torrente de millones en debilitar el marco constitucional. Cuanto peor, mejor. A los soberanistas se les han unido los viejos comunistas reconvertidos en populistas de Podemos y la parte del PSOE que hoy gobierna exclusivamente con el apoyo de los antes mencionados (el resto fueron purgados).

Hoy vivo en un país en el que sí hay problemas estructurales, como el de la violencia por armas. Es un temor real, que aquí en Washington se siente a diario. Al lado de casa, por ejemplo, hubo dos tiroteos el sábado, con heridos. Son habituales, algo que te marca y te hace vivir alerta.

Estoy convencido de que en España no hay problemas de ese calado, estructurales, imperecederos. Hay brotes preocupantes, de racismo, de homofobia, de intolerancia, por supuesto, como en todo el mundo civilizado, pero que competen a la policía y la justicia. Y que estos puedan hacer su trabajo con independencia e integridad es la demostración clara de que España no está tan mal como nos la pintan.

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