CRÍTICA «Candyman»

El terror que surgió de las injusticias raciales

Gara, Koldo Landaluze, 31-08-2021

Citar cinco veces ante un espejo el nombre de Candyman se convirtió en un recurso habitual en las conversaciones de los adolescentes que visionaron por primera vez el original del 92. Un reto a lo sobrenatural que, en muchas ocasiones, no se concluía debido al “por si acaso”. Veintinueve años después, los abejorros que acompañan a “Candyman” vuelven a asomar en la pantalla en una propuesta que quiere recuperar su esencial y readecuarla a una realidad en la que el conflicto racial es esencial. Es verdad que en el cuento de Clive Baker ya asomaba dicha semblanza del origen de la criatura vengativa que porta un gancho por mano derecha y que, en la película dirigida por Bernard Rose, era un esclavo que, tras ser injustamente acusado de violar a la hija de un potentado blanco, fue sometido a torturas y mutilado por una jauría humana.

Ahora, Nia DaCosta ha contado con el refuerzo en la producción y guion de Jordan Peele, un autor afroamericano que, en películas como “Déjame salir” (2017) y “Nosotros” (2019), ha sumado al terror los desarreglos y abusos sociales que padece la comunidad negra. De manera mucho más evidente, “Candyman” no es solo el terror que asoma desde el otro lado de un espejo, es el propio reflejo de una sociedad torturada y sometida que persevera en su empeño liberador.

DaCosta amplía el reflejo delegando en un pintor la llave que abra la caja de los truenos. De esta manera, el reflejo se distorsiona a través de las pinturas de un artista subyugado por una leyenda urbana. “Candyman” se muestra elegante en su diseño visual, las sombras resultan tan efectivas como inquietantes y a ello se suman la obsesiva banda sonora de Robert Aiki Aubrey Lowe –que deconstruye la partitura compuesta por Philip Glass en el 92– y el muy atractivo recurso del teatro de sombras para contar, en clave de cuento macabro, una realidad teñida de leyenda.

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