Crítica de 'Candyman': Un garfio contra el racismo
La cinta recoge la historia del filme 'Candyman, el dominio de la mente' y la trae a la actualidad
ABC, , 27-08-2021Una historia en la que el antagonista tiene un enorme garfio en lugar de mano, y no sale Peter Pan, solo puede ser de terror, y eso es lo que es ‘Candyman’, una película de terror, aunque no tanto por el garfio del fulano como por la trastienda que lleva de denuncia racial y su pegada vengadora, o vengativa. El personaje, entre fantasma y leyenda, ya había sido tratado en una película de hace unos años, ‘Candyman, el dominio de la mente’, pero se centraba en una mujer, Helen Lyle, que investigaba el origen de esa leyenda, la de un esclavo negro mutilado por la barbarie racista y que se aparece con su gancho cuando se dice su nombre cinco veces frente a un espejo.
Ahora recoge esa historia Nia DaCosta (en el guion está Jordan Peele, el director de la ingeniosa ‘Déjame salir’) y, con algunas referencias de tiempo y espacio, la sitúa en la actualidad y centrada en un artista plástico con algún nudo atado y pasado con el Barrio de Cabrini Green, en Chicago, donde sucedió y sucede todo. El argumento es una bola de mercurio, difícil de atrapar, y se trocea y divide cuando crees tenerlo entre los dedos, aunque hay que decir que aun entre trompicones se sigue con interés por su potencia visual, las tensiones ante el espejo y ante la expresión artística, las ideas que subyacen sobre la brutalidad policial contra los negros, y por la sugerencia de una fuerza justiciera y ‘correctora’ mediante la invocación a un elemento sobrenatural y vindicador.
Oti Rodríguez MarchanteValoración y crítica, porOti Rodríguez Marchante
El argumento se sigue con interés por su potencia visual, las tensiones ante el espejo y ante la expresión artística
Nia DaCosta, que ya hizo un cortometraje de animación sobre el personaje (y que salpica en diversos momentos de la película) tiene cierto cuidado en que no se le convierta en ‘una de sustos’, aunque haya algunos momentos de pincho y sobresalto. Y es efectiva en su intención, en el sentido de discurso racial y en que no ensayes alegremente a decir Candyman cinco veces ante un espejo.
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