«Pasé de no tener trabajo a dar clases de formación a desempleados»
Cruz Roja de Ourense atendió el pasado año a 15.886 ourensanos en su plan de emergencia anticovid
La Voz de Galicia, , 01-07-2021Muchas familias que se libraron del covid y no han tenido que batallar contra las secuelas que la enfermedad deja en la salud, no han podido evitar, sin embargo, las consecuencias económicas que la pandemia ha traído consigo. Es el caso de aquellos que perdieron su empleo durante el 2020 y se tuvieron que enfrentar a la siempre difícil coyuntura de pedir ayuda. Gabriela Almeida Freire no lo dudó y la buscó en Cruz Roja. Conocía la entidad, porque cuando llegó a Ourense hace cuatro años de Venezuela, y ante las dificultades para homologar sus títulos, había realizado varios cursos para prepararse y mejorar sus capacidades de cara al mercado laboral español. Desde entonces Gabriela fue encadenando varios contratos hasta que el pasado año todo se paró. «Lo pasamos mal; pero gracias a ellos y al programa de empleo he conseguido un trabajo como formadora en una academia. He pasado de no tener trabajo a dar clases de formación a desempleados», cuenta. Como ella, otros 1.170 ourensanos recibieron el pasado año apoyo, formación e intermediación laboral dentro del plan Cruz Roja Responde.
Este programa, centrado en paliar las consecuencias más inmediatas de la pandemia, atendió en Ourense a un total de 15.886 personas durante el pasado año. Pero no solo se ocupó de la faceta laboral, también a otras situaciones de emergencia. Se entregaron productos de primera necesidad en alimentación, higiene o medicamentos, a 6.644 vecinos; y se ayudó a 454 en situación de pobreza energética. Otros 6.300 fueron atendidos por el servicio de Salud y Socorro. En conjunto se realizaron 117.762 intervenciones vinculadas a ese programa.
Más recursos para los mayores, los refugiados, el empleo y la lucha contra la pobreza
El envejecimiento poblacional viene marcando la pauta en el destino de los recursos disponibles en la Cruz Roja de Ourense, y eso no ha cambiado por la pandemia. Los programas relacionados con los mayores consumieron más de 808.000 euros, con los que se cubrieron distintos tipos de necesidades y servicios proporcionados durante el año a cerca de tres mil personas. El capítulo de acogida a refugiados, que se desarrolla con el Ministerio de Inclusión y Migraciones, contó con 659.726 euros; y el de lucha contra la pobreza y la exclusión social invirtió 619.592 en atender las necesidades más básicas de 6.040 residentes en situación de vulnerabilidad extrema en la provincia.
El empleo fue otro de los principales destinos de recursos. Se invirtieron otros 600.000 euros en diversos programas de formación e inserción laboral.
Llamadas de teléfono y visitas a domicilio para seguir prestando los servicios
Quince días antes el cierre obligado por el decreto del estado de alarma, en Cruz Roja decidieron cancelar todos los servicios grupales y evitaron que los voluntarios de más de 65 años siguiesen con sus actividades ante lo que se percibía como una seria amenaza sanitaria. Fue solo el principio de un vuelco completo a la organización interna. La entidad trabaja en grupo en muchos de los servicios que presta, desde el refuerzo educativo para menores, a los talleres de envejecimiento activo, pasando por la formación para los programas de empleo.
Así que para seguir presentado los servicios había que pasar a una atención mucho más individual a los usuarios. Y el año se cerró con más de 42.000 personas atendidas. ¿Cómo se hizo? Básicamente poniéndole ganas y olvidándose de la distribución habitual de tareas. Las llamadas telefónicas, las conexiones por ordenador y, sobre todo, las visitas a domicilio, sustituyeron el funcionamiento normal y eso exigió que cada uno de los técnicos, colaboradores y voluntarios, arrimasen el hombro para intentar llegar a todas las necesidades. En el programa de apoyo a escolares en situación de riesgo, por ejemplo, era primordial imprimir y llevar a los domicilios de los alumnos que no disponían de ordenador el material necesario para seguir las clases a distancia durante el cierre de los colegios. En concreto 312 menores se beneficiaron de ese trabajo. También era más importante que nunca mantener el contacto directo con los mayores que viven solos para transmitirles la sensación de compañía, además de las recomendaciones higiénicas y la información necesaria para su tranquilidad. A ellos también hubo que hacerles llegar bienes básicos, como los medicamentos o la alimentación, para evitar que corriesen riesgos saliendo a la calle; o acompañarles a las citas médicas programadas.
Una parte positiva de la pandemia fue que muchos ciudadanos que al no pertenecer a servicios esenciales no podían trabajar en la fase más dura del confinamiento, decidieron echar una mano en Cruz Roja.
El presidente, Felipe Ferreiro, aprovechó la presentación de la memoria del año para mostrar su agradecimiento a todos los que forman parte de la institución «pola súa dedicación e entrega, por brindar esa man de axuda, esa chamada de escoita, esa humanidade que é o noso principio fundamental e razón de ser».
El 2020 en datos
El capital humano. La entidad dispone de 3.834 personas que colaboran como voluntarios en toda la provincia para ayudar en los diferentes programas, para los que Cruz Roja cuenta en Ourense con 105 trabajadores en plantilla.
Los socios. Hay 10.167 vecinos que aportan su granito de arena para ayudar económicamente a la institución. Además 327 empresas son también socias colaboradoras.
Un presupuesto de más de 3,8 millones. Las cuotas de los socios suponen la mayor partida en cuanto a ingresos (aportan más de un millón de euros), seguidas de las ayudas en subvenciones estatales y autonómicas para el desarrollo de programas concretos.
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