Sombras huidizas en Ceuta

Centenares de menores permanecen escondidos en la ciudad autónoma, temerosos de ser devueltos a Marruecos

La Vanguardia, MAYKANAVARRO, 31-05-2021

Cada noche, desde hace ya demasiadas, el dueño de la funeraria Al Qadr, Navil Rahal, se acerca hasta el viejo cementerio hindú de Ceuta y suelta un par de gritos junto a la reja oxidada que en su día fue la entrada. De la nada asoman unas sombras escurridizas que comprueban, antes de dejarse ver, que se trata de una voz amiga.

Entre basura acumulada, tres menores se esconden en el viejo camposanto temerosos de ser localizados y devueltos. No sirve de nada explicarles una y otra vez que al tratarse de menores de edad no los entregarán a Marruecos. Explican que son huérfanos y narran historias de otros, menores también, que cruzaron y fueron devueltos.
Los tres llegaron como otros muchos en la avalancha de hombres, mujeres, niños y niñas que desde el 17 de mayo sortearon la frontera y entraron en Ceuta. No hay cifra oficial de menores. El viernes pasado la ciudad autónoma, con competencias en menores, cuidaba en alguno de sus cinco espacios habilitados a 950 niños y jóvenes. A estos hay que añadir los 150 que prácticamente a diario entrega la Policía Nacional para su custodia.

Son menores que intercepta la Policía Nacional y la policía local en las batidas cada vez más intensas que se están realizando en las calles para recoger al mayor número de niños desamparados. A estos hay que sumar las decenas que se esconden en casas de particulares acogidos por familiares, amigos o ceutíes conmovidos por su vulnerabilidad.

Cementerios y cárceles abandonadas, el bosque, las rocas, las playas, cualquier sitio es bueno para ocultarse
Ninguna de las personas que acoge a menores en sus casas aparecerá identificado en estas líneas. Ceutíes, musulmanes y cristianos, que confían que la situación “se tranquilice” hasta tener garantías de que los menores que acogen en sus viviendas de manera irregular no serán devueltos a Marruecos. Un empresario musulmán no tuvo más remedio el jueves que dar el visto bueno a recibir en casa a los dos niños de 12 años que su mujer, conversa e hija de un militar de alto grado en la ciudad, recogió en la calle cuando repartía comida en los asentamientos. La mujer los vio especialmente indefensos en un campamento escondido en el bosque, junto al cementerio de Santa Catalina. Tenían tanto miedo que ni se habían acercado para asearse a las duchas públicas de las playas. “Apareció con uno en cada mano”, cuenta el empresario, que asegura no ser ni por asomo el único ceutí con niños en casa.

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