«En Francia nos tratan como si no fuéramos humanos»

Bah, senegalés de 58 años, recaló hace más de seis en Irun y este sábado encabezó la manifestación de Irungo Harrera Sarea pidiendo «libertad» e «igualdad»

Diario Vasco, AITOR ANSA, 31-05-2021

La historia de Bah es la de cientos y miles de personas de origen subsahariano que se ven obligados a abandonar su hogar y su país para llegar a Europa en busca de una mejor vida. Este senegalés de 58 años lleva ya más de seis viviendo en Irun y este sábado fue uno de los encargados de encabezar la manifestación promovida por Irungo Harrera Sarea y las organizaciones francesas La Cimade, Etorkinekin y Diakité. Lo hizo para pedir «libertad, igualdad y que todos podamos circular libremente» portando una pequeña pancarta durante todo el recorrido en el que se podía leer el lema ‘Inor es da ilegala’ (nadie es ilegal).

Decidió venir a la ciudad irundarra porque considera que la política de África es «difícil. La gente de allí, el presidente, busca solo su beneficio personal, mira solo por lo suyo», expone mientras hace el gesto de llevarse algo a su propio bolsillo. «Nosotros venimos aquí para mejorar nuestra vida, para tener una mejor vida. Queremos tener un futuro y allí no lo hay. No nos queda otra». Una mochila fue su único equipaje, aunque prefiere no recordar cómo fue el viaje hasta llegar a la ciudad fronteriza. Una muesca en su rostro al ser preguntado por ello delata que la travesía no fue nada sencilla. Se vino solo, sin dejar ni mujer ni familia detrás.

Bah se siente bien aquí. «Tengo mi vida aquí», dice, y por ello no tiene intención de pasar al otro lado de la muga, a Francia. «La política de migración de España no es mala, pero el problema es la de Francia», asegura. «Aquí nos podemos mover libremente, pero para cruzar a Francia tenemos problemas, nos tratan como si no fuéramos gente humana y todos somos iguales», denuncia el senegalés.

No así varios de sus compañeros, que han hecho la tentativa de poner pie en suelo francés, pero han sido devueltos inmediatamente a Irun. «Yo no he cruzado pero dos personas que conozco casi han muerto en el intento». Al menos han corrido mejor suerte que Yaya, el joven costamarfileño de 28 años que murió la semana pasada al intentar cruzar a nado por el río Bidasoa. A Bah se le humedecen los ojos al recordarle. «Eso no puede volver a ocurrir más. Todos somos iguales y tenemos que poder movernos en libertad».

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