«Nos utilizan como moneda de cambio»
La entrada masiva de marroquíes lleva a muchos empresarios a cerrar sus negocios por la sensación de inseguridad
Diario Sur, , 20-05-2021ceuta. Mira con recelo hacia el exterior de su tienda mientras friega el local. Ayer abrió, pero sólo para atender a los clientes que ya tenían reserva. «No vino nadie más en todo el día, a eso de las siete y pico bajamos la persiana y nos fuimos a casa». Carmen regenta una tienda de productos para animales en la que ofrecen servicios de peluquería para mascotas. Está ubicada en pleno centro de Ceuta y no le suele faltar la clientela, pero el martes, con las fronteras marítimas saturadas y las calles repletas de marroquíes vagando sin rumbo, el día fue «muy triste». «Daban ganas de llorar, mirabas fuera y Ceuta no parecía nuestra ciudad».
La hostelería y el comercio se han llevado gran parte de los daños colaterales de esta crisis fronteriza. Mientras que en la playa de El Tarajal se desplegaba el Ejército, la Legión, la Guardia Civil y la Policía Nacional, en el Centro se bajaban las persianas y se miraba con miedo al cruzar la calle. El martes fue una jornada prácticamente en blanco para el pequeño y mediano comercio y la mayoría de los ceutíes vieron su día a día alterado. Dicen haber perdido una normalidad que ha empezado a recuperarse con timidez ayer por la mañana, ya con las aguas de El Tarajal menos revueltas, pero todavía con múltiples evidencias de que Ceuta se ha convertido en el ojo de un complejo huracán.
Pese a todo, se han producido «muy pocos» incidentes en comparación con el gran volumen de personas que han cruzado la frontera de forma irregular. «Se han violentado algunos locales vacíos, ha habido varias peleas y avisos por aglomeraciones, pero nos esperábamos algo mucho peor», comenta José Antonio López, subinspector de la Policía Local de Ceuta y portavoz de Comisiones Obreras. Sin embargo, pese a que el balance de conflictividad es bajo, la sensación de inseguridad es elevada y hace mella entre los ceutíes: «Hoy están pidiendo dinero y comida, pero mañana, cuando tengan hambre, se meterán donde sea y te lo quitan», dice Carmen en su negocio.
En la misma calle, Mari Ángeles regenta una tienda de lencería y ropa para bebés. Fue una de las empresarias que el martes tuvo que dejar la persiana bajada: «Vinimos, vimos cómo estaba la calle, me dio miedo y nos fuimos a casa; hoy hemos abierto con media puerta y veremos a ver… nuestro público no está, así que estamos aprovechando para ordenar la tienda». Entre cajas apiladas y tirantes que salen del almacén, la empresaria dice sentirse «abandonada», y considera que la percepción es generalizada: «Nos utilizan como moneda de cambio, siempre ocurre lo mismo, cuando el Rey de Marruecos quiere algo no dejan salir a nuestros pescadores, o dejan la frontera abierta… y pagamos los que vivimos aquí, que tenemos que cerrar por puro miedo».
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