Jesuitak busca la implicación de las familias para acoger a jóvenes migrantes
A fin de complementar al proyecto Jesuiten Etxea, que ha reabierto sus puertas con dieciséis personas y más presencia en la realidad de Durango
Diario Vasco, , 28-04-2021Ofrecer un entorno seguro y afectivo a jóvenes extranjeros que están solos y a los que se deriva automáticamente a albergues para que puedan integrarse de manera más natural y logren una autonomía. Ese es el objetivo del proyecto de familias acogedoras al que el colegio San José Jesuitak de Durango se suma de manera incipiente como respuesta a su «compromiso» por dar una «respuesta adecuada a la inmigración». «Las familias deben implicarse y ayudarnos en ese reto, y en Durango se acoge y hay sensibilidad», aseguró Eva Rodríguez, directora del centro.
La iniciativa, que ya cuenta con familias de acogida en Bilbao, complementaría el proyecto Jesuiten Etxea que cuenta con 16 jóvenes tras reabrir sus puertas en septiembre. Desde entonces, ha acogido a 25 jóvenes a los que acompaña en su situación de vulnerabilidad y les ofrece formación para su inserción social en Euskadi hasta que consiguen su autonomía. «Como sociedad debemos generar espacios para la convivencia», aseguró Eva Rodríguez.
La crisis del coronavirus y la necesidad de dar una solución residencial a los jóvenes migrantes en situación de vulnerabilidad fue el detonante de su reapertura, esta vez en colaboración con el Gobierno vasco, además de la Fundación Ellacuría, el colegio San José Jesuitas y el grupo de ciudadanía local y la red de voluntarios de la asociación CVX Arrupe. La esencia es la misma. «No se trata de un albergue, que cubre sus necesidades básicas, se trata de proporcionarles un hogar, una familia que busca su inclusión desde que entran por la puerta», agregó José Javier Pardo, delegado de la Plataforma Loiola, en la presentación de la nueva etapa de Jesuiten Etxea y en la que estuvieron presentes también Karmele Villarroel, trabajadora social de la Fundación Ellacuría; y Alaia Berganza, responsable del equipo de Ciudadanía de Jesuitak.
La vivienda anexa al colegio acoge a jóvenes de entre 18 y 24 años que han cruzado el Estrecho. Todos ellos han llegado derivados de los Servicios Sociales del Gobierno vasco. «Y a pesar de las dificultades y de todo lo que dejan atrás, siempre están agradecidos», asegura Villarroel.
«Educar en multiculturalidad»
«Atrás han dejado a sus familias, su entorno, en un proceso de ruptura y dolor que se une al arraigo a una Europa de prejuicios y muchas fronteras que les marcan nada más entrar», explica esta trabajadora social de Ellacuría, Fundación perteneciente a la Compañía de Jesús que se encarga de la integración social. De ahí la importancia de que cada uno cuente con un plan personalizado, un proceso terapéutico del duelo migratorio y dispongan de formación tanto para mejorar el castellano como para aprender un oficio.
«Su objetivo es quedarse en Bizkaia y en concreto en Durango, dónde se han sentido muy bien acogidos», explican. «La inmigración es un reto» y la sociedad debe dar «una respuesta adecuada», aseguró Eva Rodríguez. Para la comunidad escolar «la diversidad y la interculturalidad son enriquecedoras y dar una respuesta adecuada, una obligación», matizó la responsable de Jesuitak.
José Javier Pardo prefiere definir Jesuiten Etxea como un «espacio de encuentro» entre la comunidad y los jóvenes. «El proyecto cuenta con personas voluntarias que, además de participar en actividades de ocio y tiempo libre, mantienen una relación puente entre la sociedad y los jóvenes» , explica Alaia Berganza. Se trata de «educar al alumnado en la multiculturalidad». Por ello, por las tardes, profesores, padres, madres y educadores del colegio imparten clases de castellano, inglés y matemáticas.
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