La pandemia complica aún más la vida en trámite de la población extranjera
El servicio municipal de Mediación Intercultural ha adaptado sus programas a la crisis sanitaria para atender demandas y dudas
Diario Vasco, , 16-02-2021Tienen entre 25 y 50 años. Llegan a Irun desde Marruecos, Argelia, Nigeria, Pakistán, Bangladesh, Rumanía o Moldavia, entre otros muchos países. Huyen de conflictos y miserias y buscan un futuro más habitable. La mayoría de ellos ha hecho el viaje en solitario, pero también hay familias enteras que han cubierto su larga travesía con niños pequeños y con bebés. Cuando, por diferentes circunstancias, deciden establecerse en una ciudad concreta, a muchos de ellos les espera un complicado rosario de trámites: el padrón, el alquiler de vivienda o habitación, la apertura de una cuenta bancaria, el arraigo social, el permiso de residencia, una oferta de trabajo…
Cualquier gestión se convierte en un problema de pura supervivencia. En el caso de la población extracomunitaria, las personas y familias llegadas a nuestro país pasan un mínimo de entre tres y cinco años antes de que puedan aspirar a una vida mínimamente estabilizada. «Y eso con mucha suerte. La suya es una vida cuesta arriba», dice Moustafa Elafify, mediador árabe del Servicio del Mediación Intercultural del Ayuntamiento de Irun.
Elafify forma equipo con Veronica Murari, mediadora rumana, Maitane Salas, técnica de Prevencion e Inserción Social y Marina Romero, técnica del Plan Local de Interculturalidad y Convivencia.
David Nuño Delegado de Bienestar Social«Los mediadores hacen un trabajo esencial, como primer contacto para las personas que llegan y se encuentran perdidas»Moustafa Elafify Mediador árabe«Para alguien que no habla el idioma, llamar al SAC, a Lanbide o al ambulatorio se convierte en un problema de pura supervivencia»Veronica Murari Mediadora rumana«La vida para las personas extranjeras de la UE es mucho más sencilla que para las extracomunitarias»
El delegado de Bienestar Social, David Nuño, destaca «la importancia que tiene la labor que realizan los mediadores. Son la primera persona de contacto de todas esas personas que llegan de diferentes países y se encuentran perdidas, con demandas y problemas que no saben cómo encauzar. Su trabajo es totalmente necesario y el servicio de mediación intercultural es indispensable, más con la situación de crisis sanitaria que vivimos».
El equipo de Mediación Intercultural ha sido testigo de lo mucho que la pandemia ha complicado la vida de la población extranjera, especialmente de la extracomunitaria. «Nuestro trabajo no es sólo hacer una interpretación lingüística, sino favorecer la comunicación fluida. Durante el confinamiento, tuvimos un bombardeo de demandas. Había muchísimas dudas y tuvimos que adaptar el programa para que además de informativo fuese de apoyo y acompañamiento emocional. Muchas de las personas a las que atendemos no tienen internet y no dominan el idioma o no lo hablan. Llamar al SAC, a Lanbide o al médico se convierte en un problema de pura supervivencia», explica Elafify.
Veronica Murari atiende, sobre todo, a personas extranjeras procedentes de Rumanía. «Aunque también necesitan apoyo, la vida de estas personas en la ciudad es mucho más sencilla que la de las extracomunitarias. Pertenecen a la UE, tienen libertad de circulación, obtienen la residencia rápidamente y pueden encontrar trabajo más fácilmente».
Pese a las dificultades, la comunidad extranjera «ha entendido perfectamente el contexto y la necesidad de quedarse en casa», aseguran los mediadores. Para quienes desgraciadamente se encuentran en situación irregular las cosas «no han cambiado mucho. Salen poco y cuando salen, no lo hacen por calles principales. Tienen mucho miedo al expediente de expulsión».
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