UN MARTES CUALQUIERA
Estamos al límite
La gente está harta y muchos lo pagan con el de diferente color de piel
Canarias 7, , 02-02-2021Me espero lo peor, no puedo evitarlo. A medida que las pateras siguen llegando, los contagios no dan tregua y las restricciones se prorrogan, la sociedad se acerca a su límite. Ya hemos visto marañas de descerebrados yendo a increpar a los inmigrantes a los centros, bulos sobre agresiones (e, incluso, asesinatos), denuncias falsas, manifestaciones de repulsa por el abandono de España a Canarias (no incluyo a los racistas del botellón porque lo suyo no es reivindicación ni es nada) y a favor de la reapertura de los gimnasios, o la indignación de hosteleros que, sin posibilidad de terraza ni ingresos, no entienden la obligación de seguir pagando sus impuestos mientras que el Zara y los salones recreativos permanecen abiertos.
La gente está harta y muchos lo pagan con el de diferente color de piel. Ya sea por miedo, ignorancia, desconfianza o por tratarse del eslabón más débil. Es triste ver como se celebra que la Guardia Civil intervenga porque unos inmigrantes convivientes usaban la piscina del hotel. No se les admite ni una efímera felicidad en medio del drama en el que viven.
La cabeza ya no da para más y si el Estado no ayuda llegará una desgracia mayor con tanta crispación. Si no puede hacer nada ante la escasez de vacunas, sí que tiene capacidad para actuar en la crisis migratoria y humanitaria de las islas. Canarias no debe ser una cárcel de inmigrantes. Ya no caben más albergues y las calles están saturadas de africanos abandonados. Para empezar, dejemos de impedir el viaje de los que planean una vida mejor en el continente. Por ellos y por nosotros. Porque estamos al límite y las consecuencias pueden ser irreversibles.
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