Cadena perpetua para el autor del atentado contra la sinagoga de Halle

Stephan Balliet condenado por el asesinato de dos personas y el intento de asesinato de otras 68

El Correo, JUAN CARLOS BARRENA, 22-12-2020

Cadena perpetua y custodia de seguridad para el neonazi alemán Stephan Balliet. Catorce meses después del más grave atentado antisemita en Alemania desde el nazismo, el autor del ataque contra la sinagoga en la ciudad germano oriental de Halle, durante el que murieron dos personas, fue condenado hoy a la máxima pena por la Audiencia Superior de Naumburg. Durante el proceso Balliet no mostró ni un ápice de arrepentimiento o empatía hacia sus víctimas e incluso aprovechó todas sus intervenciones para defender una ideología ultraderechista, misógina, xenófoba y antisemita. Una condena a cadena perpetua significa en Alemania que la pena puede ser revisada a los 15 años, la custodia de seguridad añadida, dictada por la jueza Ursula Mertens, presidenta del tribunal, supone que Balliet, de 28 años de edad, no volverá seguramente a poner un pie en la calle y morirá probablemente en prisión tras ser encontrado culpable, entre otros cargos, de doble asesinato, 68 intentos de asesinato, negación del Holocausto e incitación al odio racial y religioso.

«Fue un atentado cobarde», dijo la presidenta del tribunal, que atendió con su sentencia las peticiones de pena solicitadas por la fiscalía y la acusación particular tras 25 sesiones y después de escuchar a 79 testigos y 15 peritos. 45 supervivientes del ataque y familiares de las víctimas formaron parte de la acusación privada, que fue representada por 23 abogados. Ursula Mertens subrayó que el acusado trató de relativizar los hechos y sus motivos. Stephan Balliet asumió la sentencia con rostro impasible mientras tomaba notas de la argumentación del veredicto.

El 9 de octubre de 2019 Balliet intentó infructuosamente asaltar la sinagoga de Halle y matar a las más de 50 personas que se habían reunido en su interior para celebrar la fiesta del Yom Kipur, la más importante para quienes profesan la religión judía. Armado hasta los dientes, vestido de negro, con un pasamontañas que ocultaba su rostro y con una cámara de vídeo con la que transmitió en directo su acción en las redes sociales, el neonazi fue incapaz de violar la puerta de acceso al recinto del templo judío pese a disparar varias veces contra la cerradura. En el interior, los asistentes a la ceremonia religiosa se parapetaban alarmados al escuchar los tiros y temían ser objeto de una masacre. Nadie resultó herido, aunque muchos arrastran aún un trauma. Una mujer alemana que pasaba casualmente por el lugar de los hechos y que tuvo la mala ocurrencia de reprenderle por el ruido que estaba haciendo fue su primera víctima. Jana L. murió de varios disparos a quemarropa.

A partir de ahí Balliet inició una fuga loca por la ciudad, durante la que mató a al joven alemán aprendiz de pintor Kevin S., que estaba esperando su pedido en un local de comida rápida turco. «Tenía el pelo negro y pensé que era un musulmán», dijo Balliet en el proceso para explicar el crimen. Durante su escapada a bordo de su automóvil golpeó de refilón a un refugiado somalí que se cruzó en su camino y disparó contra varias personas más, entre ellos varios agentes que trataron de detenerle, dejando varios heridos graves antes de ser capturado por la policía. Durante el juicio Stephan Balliet defendió abiertamente la ideología del supremacismo de la raza blanca y anunció que volvería a matar a gente de religión musulmana o judía o personas de piel negra si se le volvía a presentar la ocasión de hacerlo. Sus actos los explicó en base a teorías conspirativas que hablan del intercambio de la población en Europa con una invasión tolerada de refugiados procedentes de otros continentes.

Los psiquiatras forenses encargados de realizar un diagnóstico señalaron que sufre de una compleja alteración de la personalidad, pero subrayaron que no está loco y fue consciente de sus actos en todo momento, como lo demuestra el hecho de que planificó minuciosamente su ataque. Los psiquiatras dictaminaron además que se trata de una persona sumamente peligrosa, uno de los argumentos que justificaron la aplicación de la llamada custodia de seguridad, que se aplica cuando un reo ha cumplido su pena, pero se decide mantenerlo en prisión debido a su peligrosidad para la población. Durante el juicio no pudo aclararse sin embargo si Balliet tuvo cómplices o si anunció sus intenciones a alguna otra persona, aunque se constató que llevó a cabo su ataque en solitario y sin ayuda inmediata de otras personas.

En solitario habían transcurrido también al parecer los años anteriores al múltiple crimen. Stephan Balliet había abandonado sus estudios de ciencias químicas, vivía de nuevo en casa de su madre, carecía de amigos conocidos y pasaba horas ante el ordenador empapándose de ideología ultraderechista en páginas internacionales de movimientos neonazis. En su intervención final ante el tribunal afirmó que era enjuiciado en «un proceso político que es una demostración de poder de la élite gobernante», en el que la sentencia estaba dictada de antemano, lo que, pese a todo, no le haría renunciar a su ideología. Balliet habló de la «esclavización de los europeos blancos» y llegó a afirmar que «lo único bueno que han llegado a inventar los judíos ha sido el Holcausto», momento en el que los presentes en la sala, en su mayor parte familiares y allegados de las víctimas estallaron en una ruidosa e indignada protesta que no permitió escuchar el resto de sus palabras. La jueza Mertens interrumpió su discurso y le advirtió de nuevo que sus afirmaciones constituyen un delito en este país. «Está todo dicho», fue lo último que se escuchó al acusado decir en la sala.

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