«Dios quiera que pronto le den un techo a estos señores»
Alcaravaneras. La asociación de vecinos Alcaraván teme por la integridad de los migrantes que han entrado en su local, pues dicen que no reúne condiciones y el Ayuntamiento lo va a tapiar
Canarias 7, , 21-12-2020Un camión se encargará próximamente de transportar los enseres que la asociación de vecinos Alcaraván tiene en el local que el Ayuntamiento capitalino les cedió en los bajos de la playa de Alcaravaneras de manera provisional, cuando tuvieron que dejar su sede en el antiguo Estadio Insular por las obras que se iban a acometer para transformar ese espacio en un parque urbano.
El presidente de la entidad vecinal, Antonio del Pino, al que todos en Alcaravaneras conocen por Tito, señala que sacan sus cosas de esas dependencias municipales a pesar de que no se les ha dado un espacio alternativo al que ir, «porque el Ayuntamiento nos dijo a finales de noviembre que nos fuéramos porque lo van a tapiar». Asegura que por fortuna el párroco de la iglesia de la Sagrada Familia, don Jesús, les ha cedido un espacio en el que guardar las sillas, mesas y algunos otros elementos que deben sacar de la que ha sido su casa durante más de cinco años y a la que se trasladaron con el compromiso de volver a un local en el Insular.
«Aguantamos con la esperanza de volver», dice. Sin embargo señala que ese acuerdo se ha visto alterado y el espacio prometido se va a dar a los antiguos jugadores de la UD Las Palmas. «Y eso que en un Pleno de 2016 el PSOE solicitó para Alcaraván un local en el estadio», dice sin esconder su enfado. «El señor alcalde tiene demencia, lo que han hecho con nosotros no se hace», expone.
En cualquier caso, la mayor preocupación de Tito en estos momentos no es dejar el espacio en el que la asociación de vecinos desarrollaba su labor, sino la integridad física de «las 8 o 10 personas» que han ocupado esas instalaciones, jóvenes migrantes que quedaron varados en la ciudad tras su traslado desde Arguineguín hace poco más de un mes.
«El local se cerró en marzo por la pandemia, pero hace más de dos años que se nos cayó el techo y aún no lo han arreglado», explica. Y es precisamente ese problema el que le inquieta porque teme que pueda suceder una desgracia y algunos de estos chicos se vea afectado. «Dios quiera que pronto le den techo a estos señores», señala. Pero mientras tanto, quiere denunciar esta situación. Apunta que ya se lo ha dicho a ellos directamente. «Les advertí del peligro que tenía el local», explica quien asegura ser «el primero en ceder terreno porque son seres humanos». Y por eso reconoce que «me quedaría afectado si les pasa algo».
Lamenta que a los responsables municipales «les importe tres pitos» lo que pueda pasar en esas dependencias bajo la playa capitalina y apunta que la Concejalía del Distrito conoce el asunto. «Sabe que aquí hay entre 8 y 10 personas durmiendo».
Añade que el local se moja cuando llueve y la prueba son los charcos que se han formado en su interior con las últimas precipitaciones. «El techo está inflado y es un peligro. Hasta miedo me da», afirma.
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