Marta Roig: «No podemos salir de esta crisis si no nos ocupamos de los más vulnerables»
EXPERTA EN INCLUSIÓN SOCIAL EN LAS NACIONAS UNIDAS Advierte de que «este virus ha demostrado que lo que hace uno, afecta al otro» y ha hecho que la pobreza crezca, «sobre todo», en áreas urbanas
Diario Vasco, , 07-12-2020El Covid-19 ha trastocado el planeta, pero no ha afectado igual a todos. «La vulnerabilidad al virus depende de la situación de trabajo que tenemos, que está muy correlacionada con nuestra situación económica», explica la jefa de Departamento de Tendencias Emergentes en Inclusión Social en las Naciones Unidas, Marta Roig. Esta crisis, defiende, «ha demostrado que lo que hace uno, afecta al otro». Por eso, la experta, que ha hablado sobre los efectos de la pandemia en el webinar ‘El bienestar y la democracia del futuro’ de la Diputación de Gipuzkoa, advierte de que «no podemos salir de esta crisis si no nos ocupamos de los más vulnerables».
- ¿Somos todos igual de vulnerables al virus?
- Claro que no. No todos hemos tenido que trabajar fuera de casa durante el confinamiento, por ejemplo. Algunos hemos tenido la posibilidad de realizar teletrabajo mientras que otros se han visto obligados a salir por ser trabajadores esenciales o porque están en el sector informal y si no acuden a trabajar, no comen. En general, quienes han salido, es gente que tiene sueldos más bajos que la media.
«Ellos dependen del trabajo que tengamos, que está muy correlacionado con nuestra situación económica»
VULNERABILIDAD
- ¿Entonces, son más vulnerables quienes tienen una situación económica más delicada?
- Exacto. La vulnerabilidad al virus depende del tipo de trabajo que tengamos, que está muy correlacionado con nuestra situación económica. Normalmente, gente con sueldos más bajos tiene menos posibilidades de trabajar de forma remota. Muchas veces suelen ser mujeres, que son la mayoría en el sector informal o viven una situación de sobrecarga de trabajo de cuidados en casa, y también migrantes.
- ¿Puede aflorar el racismo en estas circunstancias?
- El temor al otro, sea una persona de diferente raza o país, siempre aumenta cuando hay crisis. Tendemos a culpar al otro de nuestros problemas. A comienzos de la epidemia hubo ataques contra gente asiática, por ejemplo. Hay un número muy elevado de personas que desde la crisis de 2008 tiene resentimiento. Trabajan en sectores en decadencia y tienden a culpar a las personas de otra raza, aunque no sean culpables.
«Se crea un estigma con las personas que ves como posibles transmisores de la enfermedad»
SIN TECHO
- ¿También corre el riesgo de que aumenten los prejuicios hacia los ‘sin techo’?
- Sí. Se crea un estigma con la gente que ves como posible transmisor de la enfermedad.
- ¿Existe el riesgo de caer en un círculo vicioso de desigualdad?
- Sin lugar a duda. Si vienes de una familia con más o menos recursos económicos, puedes ir a una escuela mejor o peor en muchos países. En general, los hijos de familias más ricas tienen más oportunidades. Al final estos niños acaban teniendo más recursos económicos y la situación se repite con sus progenitores. Además, los sectores más poderosos de la población tienen más influencia en las políticas.
- O sea, todo depende del poder económico.
- Sí. El poder económico acaba creando desigualdades políticas. La influencia que se tiene en las decisiones políticas no es la misma si tienes muchos recursos o no.
«Bienes básicos como educación o salud tienen que ser de calidad para todos, no pueden depender de los ingresos»
SERVICIOS BÁSICOS
- ¿Nacer en una familia con menos recursos es condicionante a la hora de romper ese círculo vicioso de la exclusión?
- Cada vez es más difícil romper esta rueda porque hay una herencia mayor de la condición del padre. Preocupa que con el paso del tiempo se da un impulso más grande a los hijos de familias ricas en vez de a los que tienen menos recursos. Hemos llegado hasta aquí por políticas erróneas que se han llevado en los últimos 30 o 40 años, cuando ha habido una privatización y comercialización de servicios básicos como la educación o la salud. Las familias gastan cada vez un porcentaje más alto en este tipo de servicios. Estos bienes básicos tienen que ser de calidad para todos, no pueden depender de los ingresos.
- Desde el comienzo de la pandemia, la demanda de la RGI ha aumentado alrededor de un 4,75% en Gipuzkoa. ¿Qué muestra este dato?
- Hablamos de que a raíz de la pandemia cada vez más familias viven en la pobreza y, por tanto, también en la exclusión social. La pobreza es una dimensión fundamental de la exclusión social. Es normal que haya aumentado la demanda de la RGI, y me sorprende que no lo haya hecho más aún. Quizá la cifra no ha crecido más porque hay gente que no tiene la información suficiente para pedirla. O porque la gente que más excluida está, como los migrantes o los ‘sin techo’, no cumplen los requisitos necesarios para beneficiarse de estas ayudas. También hay personas que no cumplen las condiciones para pedir este tipo de ayudas porque están justo por encima, pero eso no significa que vivan bien y con cualquier tipo de problema de salud que tengan, como el Covid, enseguida van a caer en la pobreza. Son vulnerables aunque no sean pobres.
- ¿Hay muchas personas en estas circunstancias?
- Sí, y el número de quienes son muy vulnerables aunque no pobres está al alza.
- ¿Con el Covid corren el riesgo de cruzar esa línea roja de la pobreza?
- La gente que vivía en la pobreza ahora es más pobre que antes como resultado del virus. Hay gente que no era pobre y ahora ha caído en la pobreza. También están los que han pasado de no ser vulnerables a serlo. Los que han caído en la pobreza ahora tienen mayor nivel de educación que los que vivían en la pobreza antes del virus.
- ¿Ha habido un cambio de tendencia?
- Tradicionalmente las áreas urbanas tienen más pobreza que las rurales, pero últimamente esto estaba empezando a cambiar. Con el virus, la pobreza está aumentando sobre todo en áreas urbanas y no tanto en las rurales.
- ¿Durante cuánto tiempo se van a dejar notar los efectos de esta crisis?
- El mercado de trabajo siempre tarda mucho en recuperarse y a veces ni siquiera se vuelve al nivel de empleo que se tenía antes de la crisis. Con falta de empleo la exclusión aumenta.
- ¿Estamos preparados para revertir esta situación?
- No. Hay una crisis de empleo que ya precedía a la del Covid. Hay muchas necesidades que no están cubiertas, como los puestos de trabajo en el sector de cuidados, por ejemplo. El trabajo doméstico en general recae sobre las mujeres y muchas veces no está pagado. Hay que empezar a reconocerlo como actividad económica que aporta riqueza a nivel nacional y remunerarla. Son un bien público.
- En marzo se defendía que íbamos a salir mejor de esta crisis. ¿Esta idea ha caído por su propio peso?
- Estamos en un punto de inflexión. Hay protestas y descontento social en todo el mundo. O hacemos cambios y salimos mejores o no sé qué va a pasar. No nos queda otra alternativa que empezar a trabajar por el bien común.
- ¿Hay esperanza?
- La esperanza es lo último que se pierde. Este virus, más que ninguna otra crisis, nos ha mostrado que tenemos un destino común. Lo que hace uno, afecta al otro. No podemos seguir adelante si no nos ocupamos de los más vulnerables. Si no tienen acceso a la salud, nos infectamos todos. Nuestros destinos están entrelazados tanto dentro de países como entre países. El Covid no conoce fronteras. La solidaridad tiene que abarcarnos a todos.
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