Desiré Kouakou: «El caldo me sale muy bien»
El arcipreste de Duio dice que siente morriña de su país (Costa de Marfil) y se muestra optimista frente al futuro de la iglesia
La Voz de Galicia, , 01-12-2020JORGE CASANOVA
01/12/2020 05:00 H
Dice que no se le dan bien los idiomas y admite que, tras 15 años en Galicia, todavía tiene sus dificultades con el castellano. En lo demás, se defiende de maravilla. Desiré Kouakou (Costa de Marfil, 1972), aquel cura exótico de Mazaricos, es ahora el arcipreste de Duio, sigue desbordando alegría y representa como pocos el futuro de la Iglesia gallega.
-¿Cómo está llevando estos tiempos difíciles?
-Como todos, estoy algo desconcertado, pero tenemos que analizar lo que está pasando y levantar la cabeza. Si no lo hacemos, el miedo hará que nos lleven por donde no queremos. Y ser positivos, porque esto va a pasar. Hay que levantar la cabeza; no podemos dejar que la pandemia nos deshumanice. -Ya es usted arcipreste. ¿Cómo lo lleva? A veces se vive mejor con menos responsabilidad…-Cuando llegué a Mazaricos fue una realidad nueva para mí y los vecinos vieron mi fragilidad: me acogieron y me ayudaron. Luego me trajeron a Cee, con ocho parroquias y con más responsabilidad. Ahora conozco un poco más la realidad gallega, la gente. Más responsabilidad es más carga, pero también te permite crecer. Y aquí he crecido. A veces las situaciones son complicadas, pero me han permitido ver mis debilidades. Y Dios ha puesto personas siempre a mi lado para poder ayudarme. En mi tierra se dice que aunque la lengua y los dientes viven siempre juntos, a veces los dientes muerden la lengua, ja, ja.
-A todos nos gusta pensar que no somos racistas, aunque a veces… ¿Ha sentido usted el racismo?-Esta ha sido tierra de emigrantes. Cuando regresan hay dos posturas: gente que dice «Yo he sido emigrante y como no ha sido fácil para mí, cuando veo a una persona que viene de fuera, la ayudo». Pero hay otras personas que dicen: «He sido emigrante y he sufrido, por eso el que viene ahora a mi tierra, tiene que sufrir como yo sufrí». Racismo hay en todos los sitios. Alguna vez lo he notado, pero no te puedes dejar llevar por esas personas, sino por las buenas y generosas. Y hay bastantes. Aquí he vivido momentos muy difíciles y he escuchado comentarios que me han hecho mucho daño. Pero seguimos adelante. -¿Cuántas misas da a la semana?-Los sábados, tres; los domingos cuatro o cinco y, durante la semana, voy a las parroquias. En total, unas catorce misas.
-¿Viaja de vez en cuando a su país?-Sí, porque tenemos la oenegé Egueire e íbamos a ver los proyectos, pero con el coronavirus y el problema político que hay allí, no he podido viajar. Antes iba dos o tres veces al año. -¿Sentía el impulso de quedarse?-Sí, claro. Nunca pensé que me quedaría en Galicia pero los caminos del Señor son insondables. A veces analizo para mí que yo me ordené un 24 de julio y al día siguiente di mi primera misa… ¿entiende?
-…-¡El día de Santiago Apóstol! Y en la tierra de Santiago me quedé. Estar aquí, con la falta de curas que hay, es una manera de devolver lo que nos enseñaron. -¿Qué es lo que más echa de menos?-Todo. Me encanta la palabra morriña [pronuncia moriña]. Yo la tengo a veces.
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