PRIMERA PLANA
Arguineguín y el hartazgo ciudadano
Ese periodo malgastado, ¿para qué valió más allá de la advertencia pública lanzada desde la plaza de La Feria? Para nada, fue desaprovechado
Canarias 7, , 11-11-2020Al sur de Gran Canaria aumenta, día a día, una problemática que concentra mayores dosis de indignación y desesperación. Parece que los políticos no son conscientes del hartazgo colectivo que siente la ciudadanía hacia ellos. La política, mejor dicho, su gestión y actores a efectos prácticos, está considerado uno de los principales problemas (junto a la economía y el desempleo) a juicio de la opinión pública. La pandemia solo lo ha agudizado. Se percibe que los asuntos no se resuelven, que el tiempo transcurre sin que nada, al menos, se mitigue. Es el pulso social. Y, sea justo o no, que en su totalidad no lo será, sí tiene hechos concretos a los que anclarse para ilustrarlo. Y uno de ellos es, con creces, el drama humano que se vive en el muelle de Arguineguín.
Han pasado dos ministros por el puerto moganero y nada ha cambiado. Al contrario, los datos indican que se ha redoblado la presión de la inmigración irregular que yace en condiciones inhumanas a la espera de una respuesta de Madrid (y Bruselas) que no llega ni tiene visos de arrancar en breve. Hace meses que se alertó del hacinamiento que se desató en Mogán. Incluso, la Delegación del Gobierno era consciente de lo que iba a ocurrir y, sin embargo, no aprovechó un compás de espera tan valioso para ir preparando infraestructuras y orquestar y coordinar las medidas con los diferentes ministerios. Ese periodo malgastado, ¿para qué valió más allá de la advertencia pública lanzada desde la plaza de La Feria? Para nada, fue desaprovechado. Y los hechos lo demuestran: se tiró de la planta alojativa como escape de urgencia a medida que la preocupación aumentaba entonces en Gran Canaria. Al poco, se extendió al resto de las islas. Y con las semanas, y solo con varias semanas de retraso, la prensa liberal y conservadora editada en Madrid comenzó a hacerse eco de lo acontecido en el muelle de Arguineguín. A la vez, Vox se frotaba las manos: encontraron una bandera de pugna para su discurso ‘trumpista’ y mesetario. Munición a mansalva para fustigar a su parroquia por las redes sociales.
Lo peor de todo esto es la conclusión que se desprende de banalización e indolencia por parte de las diferentes administraciones. Y, cómo no, la certeza de que lo que suceda en Canarias poco importa (o lo hace tarde, muy tarde) en Madrid que tan solo reacciona cuando aquí se ha desatado las peores consecuencias. ¿Cuántas visitas más de los ministros que se tercie hacen falta para implementar ya soluciones? ¿Cuántos editoriales de periódico habrá que publicar para que Mogán no sufra un desaguisado que exaspera a todos, unos y otros? Los políticos van a remolque ante el fenómeno migratorio y el ascenso vertiginoso de recepción de cayucos y pateras. Que no es la primera vez. Pero se suman más ocasiones que espolean el enfado social. Y es lacerante, como el caos de la vergüenza del muelle de Arguineguín. Eso sí, nadie asume responsabilidades.
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