CRÍTICA 'ADAM'
Al finalizar el Ramadán
Diario Vasco, , 10-11-2020Casi se llenaron los cines el primer día sin bares, casi a tope el aforo nuevo con horario nuevo. Nunca imaginó la periodista, actriz y cineasta tangerina Maryam Touzani que su delicadísima pero a la vez irreductible ‘Adam’ se estrenase en la mismísima sala 3 de los Príncipe ni se convirtiera en uno de los títulos agridulces, dulciamargos tan reclamados aquel Día 1de la tercera etapa de la Nueva Era. No lo habría pensado por más que en el último Cannes celebrado, ‘Adam’ emocionase sutilmente al público que la saboreó acidulce. Por más que Marruecos la presentase a la consideración de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, de la que Maryam es miembro.
No, en otros momentos, esta película brava pero recoleta e íntima, iluminada, puesta en escena, observada por la cámara y montada con los colores, los ángulos, movimientos, luces y sombras que también usaron los grandes maestros (y maestras) pintores del Barroco, todos tan influenciados por aquel divino diablo que fuera Caravaggio, se habría refugiado en el Trueba. Por más que su maravilloso uso dramático de la luz (la iluminadora es una polaca de rompe y rasga cuyas maneras conocimos en el Zinemaldia pues era la directora de fotografía de ‘Nuestras madres’ de César Díaz) y esa mirada tan realista lanzada a la figura humana (aquí dos mujeres, una niña y un recién nacido) tanto física como emocional hagan que ‘Adam’ alcance momentos de sensualidad y una textura tan mórbida que los espectadores casi apartamos la mirada por pudor.
No se esperaría, no, estar en la 3 del Príncipe la tangerina que difumina y desenfoca la medina de Casablanca porque lo que le interesa es retratar a dos mujeres y una niña. Más un bebé. Y todos sus personajes son valientes.
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