DEL DIRECTOR
El bochorno continúa
A los miles que han llegado habrá que sumar muchos miles más que están esperando hacerlo
Canarias 7, , 09-11-2020Mientras esperamos a que Joe Biden llegue en enero a la Casa Blanca y se concrete una salida de Donald Trump que, a día de hoy, parece que será absolutamente traumática, por aquí siguen sin resolverse asuntos domésticos que hace tiempo que son sangrantes. De hecho se me acaban los adjetivos para definir la desastrosa gestión de los ministerios implicados en el asunto migratorio, empezando por Exteriores, continuando por Interior, Migraciones y Defensa. Y llega un momento en que uno ya no sabe si incluir también a la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, a la que nos dijeron que se había recurrido para resolver el asunto pero, visto lo visto, o le ha puesto poco interés al asunto o los ministros afectados no le hacen caso. Y cuesta saber qué es más grave.
Que sigan llegando migrantes no es la noticia en sí. Porque a los miles que han llegado habrá que sumar muchos miles más que están esperando hacerlo. Les va la vida en ello, la única que tienen, porque la vida que les espera en sus lugares de origen no es vida, al menos en el sentido occidental del término. Lo que es noticia es que, sabiendo lo que iba a pasar, no se arbitrasen soluciones en origen y en destino. Como también es imperdonable que se haya esperado al último instante para tratar de remover las conciencias en ese paquidermo que es Europa. El resultado es el que ya sabemos: llegan muchos más de los que se derivan a la península, porque entre Interior, Migraciones y Defensa se han empeñado en echarse las culpas y hay por lo que vemos mala conciencia a la hora de usar las plazas de centros de acogida que están disponibles en otras comunidades autónomas. También nos cuentan que no se quiere incomodar a otros países europeos ante la posibilidad de que los migrantes crucen los Pirineos y se repartan entre Francia y otros estados. De manera que por no enfadar a París y a Bruselas, alguien ha entendido que el menor de los males es hacinarlos en el muelle de Arguineguín, en el garaje de una comisaría o donde se nos vaya ocurriendo de un día para otro.
Viendo las imágenes de los camastros instalados en unas dependencias policiales, uno se pregunta por qué no se hizo lo mismo en instalaciones militares. ¿Por qué sigue si haber patrullas de soldados que echen una mano a unos policías nacionales absolutamente desbordados? Y pedirlo no es militarizar el problema, sino sumar esfuerzos para paliar la solución.
Ellos, los inmigrantes, no se lo merecen. Y Canarias, que es tierra solidaria, tampoco
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