La tensión crece conforme Trump se descuelga
Exaltados con fusiles de asalto exigen en Phoenix el recuento de papeletas, mientras en Detroit sus correligionarios presionan para que no se acepten más votos por correo
Diario Sur, , 06-11-2020Cuantas menos son las posibilidades de Donald Trump de reeditar en las urnas la presidencia de Estados Unidos, mayor es la crispación que sus partidarios siembran a lo largo y ancho del país conforme a una estrategia que es todo menos espontánea. La sacudida que recorre las calles de ciudades como Phoenix, Detroit o Nueva York bebe de teorías conspiranoicas surgidas al calor de las especulaciones, cuando no directamente de bulos, y gana en intensidad con el paso de las horas.
«No tengo miedo, vamos a parar esto», lanzó en tono de advertencia el candidato republicano, experto en pescar en río revuelto. Llevaba meses anunciando la posibilidad de impugnar el voto por correo por considerarlo fuente de fraude, y su intervención la noche electoral denunciando un engaño que en absoluto ha quedado probado para, acto seguido, autoproclamarse ganador ha sido entendida por muchos como la señal para movilizar a sus bases. Unas bases que creen tener la sagrada misión de perpetuar el estado actual de cosas, aunque eso signifique menoscabar la misma democracia a la que continuamente apelan.
En las últimas horas, las miradas del país se han vuelto hacia Phoenix, la capital de Arizona, convertida en el mayor foco de tensión tras inclinarse del lado de Biden. Allí, dos centenares de partidarios de Donald Trump, convocados a través de las redes sociales y muchos de ellos armados con rifles de asalto, se concentraron ante la autoridad electoral de Maricopa, el condado más extenso del Estado, exigiendo a los funcionarios el recuento de votos, temerosos de la derrota en un bastión tradicionalmente republicano.
El Estado del Gran Cañón, como se le conoce allí, es uno de los cinco que mantienen en vilo al país – los otros son Georgia, Carolina del Norte, Nevada y Pensilvania – . «Creo que muchas de las papeletas de Arizona son falsas», «Llevan horas sin contar votos» o «En Wisconsin hay cien mil votos más que votantes» son algunas de las afirmaciones que se podían escuchar entre la multitud. Acusaciones de fraude que nadie se detiene a probar, mientras la frustración por el resultado impele a velar por un escrutinio que solo peligra en la imaginación de algunos. Todo vale.
Entre los rumores que se han vuelto virales está el del empleo de ‘sharpies’, rotuladores cuya tinta no serían capaces de detectar las máquinas empleadas en el recuento de votos y que supuestamente se habrían entregado a votantes republicanos para influir en el resultado. Una acusación que ha sido rápidamente desmentida por los funcionarios y que ha llevado incluso a la secretaria de Estado de Arizona, Katie Hobbs, a comparecer para garantizar que ninguna papeleta iba a quedar fuera de la validación.
Sería hasta gracioso si no fuera porque el autor del ‘Sharpiegate’ no es otro que Eric Trump, que alimenta el descontento desde las redes sociales siguiendo la estela de su padre. «Yo solo quiero una elección limpia – comentaba uno de los concentrados – . Si Trump pierde, nos lo tragamos y esperamos cuatro años. Pero tenemos que estar seguros al 100%». El voto latino y el cada vez mayor trasvase de población desde California no atenuaban un ápice su desconcierto. «Es muy raro que Arizona se vuelva demócrata», zanjaba.
Por los Grandes Lagos también soplan vientos de tormenta. En Míchigan, uno de los estados del ‘Cinturón de Óxido’ que se ha revelado determinante en estos comicios y donde están en juego 16 compromisarios, partidarios de unos y otros se reparten el mapa de operaciones: los demócratas, al norte de Detroit; los republicanos, en los condados más rurales situados al oeste.
En el centro de convenciones de Detroit, las chispas saltaron cuando la Policía sacó del recinto a interventores republicanos que superaban el número establecido por ley, lo que estos aprovecharon para denunciar maniobras dirigidas a empañar la «transparencia» del proceso. En la calle, entretanto, manifestantes pro – Trump exigían a gritos: «¡Paren de contar!», después de que el presidente anunciara una demanda legal para frenar el escrutinio en este Estado bisagra.
Tampoco los demócratas se han quedado en casa al conocerse que su rival exigía detener el recuento de votos ante las sospechas de fraude. «Los candidatos no deciden cuándo se termina una elección, son los funcionarios electorales quienes lo hacen», subrayaba ayer Joyce Peralta, mientras se manifestaba en el área metropolitana de Detroit, indignada por el giro que están tomando los acontecimientos. «¡Dónde se ha visto que se pare de contar porque un partido o el otro vaya por delante en el escrutinio! Así no es como funciona la democracia».
La maniobra del aún presidente para interrumpir el escrutinio en zonas sensibles para sus intereses ha sembrado de protestas Nueva York, donde decenas de personas han sido arrestadas mientras coreaban eslóganes como ‘No Trump, No Ku Klux Klan’ y ‘Sin justicia no hay paz. Maldita Policía racista’. Sus ecos han llegado hasta Mineápolis (Minnesota), que ya fue escenario de graves disturbios raciales a finales de mayo tras el asesinato del afroamericano George Floyd.
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