Elecciones presidenciales en EEUU
Supremacistas blancos, las camisas pardas de Trump
Grupos de la extrema derecha racista proclaman abiertamente su intención de no permitir la derrota de Trump; o, como ellos dicen, combatir el supuesto fraude para impedir un segundo mandato.
Público, , 15-10-2020A medida que se acerca el Election Day crece la inquietud sobre la normalidad del proceso electoral en Estados Unidos. En estos momentos, tanto dentro como fuera del país, se debate acerca de dos polos de incertidumbre. El primero, lógicamente, es el resultado. Pese a que Biden aventaja notablemente a Trump, las encuestas en los estados clave que decidieran el duelo no terminan de superar con claridad el margen de error; por tanto, el actual presidente (incumbent) aún no parece derrotado. El segundo asunto de discusión, por su novedad y riesgo, es el más importante: ¿aceptaría Trump su derrota?
Desde hace semanas, expertos constitucionalistas, dirigentes y comentaristas políticos y portavoces de sectores sociales debaten abiertamente, y con sonrojo en algunos casos, sobre algo impensable hasta ahora. ¿Estados Unidos se encuentra en el filo de convertirse en una República bajo sospecha? O, como dijo el expresidente Carter, ¿no debería solicitarse el concurso de observadores internacionales para controlar el proceso electoral?
LA SOMBRA NEGRA
En este clima de tensión y nerviosismo electoral, surge otro peligro no menos grave: la sombra de la violencia como factor adicional de desestabilización institucional. Grupos de la extrema derecha racista proclaman abiertamente su intención de no permitir la derrota de Trump; o, como ellos dicen, combatir el supuesto fraude para impedir un segundo mandato.
El supremacismo blanco no es un fenómeno nuevo en Estados Unidos, naturalmente Se trata de un fenómeno histórico intrínsecamente ligado al desarrollo social y político de la nación desde su orígenes, factor decisivo en momentos cardinales como el propio nacimiento, la guerra de Secesión, las leyes segregacionistas o las luchas por los derechos civiles. El infame Ku Klux Klan es sólo uno de los protagonistas históricos de esa constante social e ideológica.
En la actualidad, el supremacismo blanco adquiere formas más diversas y adaptadas a las realidades sociales y, sobre todo, a los instrumentos de desarrollo y propagación, como Internet y las redes sociales. La atomización caracteriza al movimiento, aunque existen lazos de cooperación o encuentro, no tanto organizativo cuanto inspirador.
En la negativa de Trump a favorecer las medidas preventivas y reactivas frente al Covid, estos extremistas han encontrado a un aliado inesperado, nada menos que en la propia Casa Blanca
El COVID-19 ha contribuido muy favorablemente al crecimiento numérico de estos grupos, al proporcionarles un motivo más de propaganda: la supuesta resistencia contra la imposición del confinamiento, de la restricción de la libertad de movimiento y actuación. En la negativa de Trump a favorecer las medidas preventivas y reactivas frente a la enfermedad, estos extremistas han encontrado a un aliado inesperado, nada menos que en la propia Casa Blanca. De repente, el jefe del gobierno se convierte en un un inspirador. Y los que se oponen a él desde posiciones de responsabilidad son los enemigos principales a liquidar. Es el caso de la gobernadora de Michigan, Gretchen Witmer, a la que uno de estos grupos pretendía secuestrar, según el FBI (1). Un plan similar se ha descubierto en Virgina.
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