En la cola para comer: «Con 210 euros al mes, por mucho que estires el dinero...»

Las personas que demandan ayuda temen la llegada del frío: «El invierno va a ser muy duro»

La Voz de Galicia, ELENA SILVEIRA, 05-10-2020

«Gracias a la ayuda que recibimos podemos llenar la nevera casi todos los días. Menos pescado, papel higiénico o productos de limpieza… aquí me dan casi todo. Y venir equivale casi a la mitad de las compras que tendría que hacer en un supermercado». Tamara Jiménez vive en el barrio de la Sagrada Familia. Es joven, pero tiene dos hijos adolescentes que están estudiando. «Mi marido está en el paro y cobra 210 euros al mes. Hasta hace unos días, yo trabajaba como cocinera en el geriátrico donde también estaba como limpiadora por horas, cobrando unos 435 euros. Así que por mucho que estires el dinero…».
Como ejemplo de los gastos familiares, Tamara habla de los últimos días, con el regreso a las aulas: «La niña está estudiando un ciclo de FP y ya solo en libros tuvimos que gastar más de 400 euros. Así que… imagínate». Mientras espera en la cola frente a la oenegé Fonte da Saúde, habla con otra mujer de más edad de las penurias, que se han multiplicado con la pandemia del covid. «Ay, niña. Nosotros somos tres mayores y tres niños en casa. Y gracias a que todos los días nos dan aquí el pan, la verdura, algo de carne… Esta ayuda nos ha quitado de muchas fatigas». Relatan que cada vez que van tienen que aportar uno o dos euros, de forma casi simbólica, por la caja llena de alimentos que se llevan. «Y si ese día no tienes ni un céntimo, te fían y lo entregas cuando puedes», explica la mujer.

MARCOS MÍGUEZ Un invierno duro
Tamara no esconde su temor a lo que pueda traer el invierno: «¡Uf!. Va a ser muy duro, muy duro. Yo conozco esta asociación desde hace tiempo y hacen una labor muy buena. Vamos saliendo adelante porque uno u otro vamos encontrando trabajo, pero pasamos temporadas mejores que otras». De hecho, ella y la otra mujer mayor que prefiere dar su testimonio sin su nombre, coinciden en que todos los euros que entran en casa son para cosas básicas, imprescindibles. «Por supuesto, nada de caprichos. Nada». «Y, ¿sabes? Muchas veces hemos tenido que prescindir nosotros de cosas para dárselas a los hijos. Aunque yo creo que eso lo haría cualquier madre».
MARCOS MÍGUEZ Al poco tiempo entra en el pequeño local de esta oenegé, que podría confundirse con cualquier ultramarinos de barrio, Alberto Lugones, un cubano de 66 años que tan solo lleva ocho meses en España. Está casado con una española y al poco de retornar a Galicia se encontraron con una pandemia mundial. Cuando se le pregunta si en Cuba estarían mejor o peor, su respuesta es la de muchos cubanos: «Prefiero no hablar de política». ¿Pero aquí la cosa está mejor? «Prefiero no hablar de política», insiste. Con una pequeña prestación, él y su mujer van tirando, y tiene la esperanza de encontrar pronto trabajo. «A ver, a ver. A ver si hay suerte. La esperanza es lo último que se pierde», dice con el característico espíritu cubano. Explica, mientras mete en el carro espárragos, una pizza, pan, huevos, acelgas… que los dos intentan organizar los alimentos para que duren y que él mismo también se encarga de la cocina. «¡Hombre! los dos tenemos que colaborar en casa», dice.

MARCOS MÍGUEZ Apretarse el cinturónTambién son dos en el núcleo familiar de María Jesús Vázquez Novo y Abdelkarim Achahbar, natural de Marruecos y que ya lleva tres años en España. Ellos se desplazan casi a diario desde la zona de Pescadores a la Sagrada Familia para llenar un carrito con comida. «Cuando estuve en paro, hace años, ya tenía que pedir ayuda porque con lo que cobraba de prestación no tenía suficiente para llegar a fin de mes. Y, ahora, otra vez», dice María Jesús. Al estar de baja ahora percibe unos 290 euros al mes, y Abdelkarum hace 10 horas semanales cubriendo una baja en una panadería. «Hay que apretarse el cinturón», dice él mientras mira a su pareja. «Y a mí no me gusta toda la comida, pero ahora mismo no se puede ser sibarita. Así que tengo que hacer esfuerzos», comenta María Jesús. Dicen que en el confinamiento no estuvieron tan mal, pero con la segunda oleada la cosa se ha puesto peor: «En esa época cobrábamos entre los dos más de 900 euros, pero ahora son 390 euros. Hay que pagar luz, agua, móviles, un préstamo… Y con el invierno, también la calefacción».
MARCOS MÍGUEZ Cada vez más gallegosDesde las entidades sociales confirman que la situación no ha mejorado, sino más bien ha ido a peor porque mucha gente ha echado mano de ahorros que se van agotando. José Fernández Pernas, de Renacer, indica que acuden usuarios que están vinculados al sector de la hostelería y la restauración, «donde realmente hubo una situación crítica». «Las ayudas no son eternas, las risgas no llegan… y yo creo que todavía no se están viendo las verdaderas consecuencias de la pandemia», indica. Hace un llamamiento para que la solidaridad no decaiga y no dejen de recibir aportaciones. Padre Rubinos, el Banco de Alimentos, la Cocina Económica, Cáritas… todas las instituciones benéficas siguen teniendo colas. «Es que la situación no ha mejorado. Y con el invierno esto irá a peor. Antes del covid ofrecíamos 210 comidas diarias, y ahora estamos entre las 320 y 330, además de las comidas a domicilio. La gente sigue sin ser capaz de tener unos ingresos mínimos», indica Óscar Castro, de la Cocina Económica. «Lo que nosotros hemos notado es que, si antes venían muchos inmigrantes, desde hace más o menos un mes vienen más gallegos. Es algo que me ha llamado mucho la atención. Este invierno va a ser un caos. Porque la gente necesitada no come solo un día, sino todos. Y de aquí nadie se va con las manos vacías, pero son más de 700 familias a las que damos servicio. A ver cómo va la cosa, a ver», dice Pablo Jorge, de la asociación Fonte da Vida.

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