«Cuando cocinas para alguien, protagonizas un acto de amor precioso»

Mary López 'Marylicius'Comparte recetas de postres online para golosos de corazón

Diario Vasco, ELENA VIÑAS, 01-10-2020

Mermelada de guayaba, panettone italiano, chocoflán, galletas de limón, merengue suizo… No hay dulce que se le resista a esta venezolana asentada desde el pasado mes de enero en Donostia. En su canal de YouTube enseña a preparar recetas «versátiles», que también muestra fotografiadas en su cuenta de Instagram. Búsquenla como Marylicius.

– Quien la siga en redes sociales ya sabrá de su afición a preparar postres, cantidades ingentes de dulces.

– En realidad, todo empezó como un juego. Cuando mis hijos se fueron de casa, no sabía qué hacer y un amigo me recomendó abrirme un Snapchat. Como soy un poco payasa, empecé a publicar cosas hablando conmigo misma y la gente comenzó a seguirme. No sé cómo, una cosa siguió a la otra, y de repente, me vi haciendo recetas. Siempre me ha gustado la repostería. No vendo los dulces, lo que me gusta es enseñar a prepararlos.

– Así que ejerce de maestra repostera…

– Me gusta que me siga gente que jamás ha hecho una torta. Suelen escribirme para decirme: ‘Mary, es la primera vez que hago una tarta y que me queda perfecta’. Eso, para mí, es muy satisfactorio; lo que más me gusta.

– ¿Cómo les engancha para que, además de que la sigan, acaben con las manos en la masa?

– Normalmente, trato de que las recetas sean muy fáciles porque la repostería es mucho de medir y pesar cantidades exactas. No es como cocinar salado, que le echas más sal, más ajo… La repostería, al igual que la panadería, es más de fórmula. Lo que yo hago es simplificar la receta para que sea fácil de preparar. Cualquier persona puede preparar cualquiera de mis recetas. ¡No fallan! Son recetas probadas una y mil veces.

– Entonces, son recetas con garantía de éxito.

– Todos los seguidores que tengo en Instagram son mis amigos. Me llaman y me comentan lo que están preparando, y yo trato de responderles a todo. Hemos conseguido tener una relación muy bonita. Es una relación muy orgánica.

– Una de las cosas que más llaman la atención de sus dulces es que siempre los relaciona con alguna vivencia de su Venezuela natal o con recuerdos que rescata de su familia. Son como bocados aderezados de nostalgia. O te seduce el sabor o te seduce la historia que lo salpica. O ambas cosas. No hay escapatoria.

– Todos los postres que preparo tienen historia porque, en casa, mi abuela hacía postres, mi mamá hace dulces… Empecé muy joven a interesarme por la cocina, aunque fue después de divorciarme que empecé a estudiar repostería. Pero la mía es una repostería conceptual, primigenia.

«Aunque estés a dieta o sigas un régimen, siempre hay un huequito para endulzarse el corazón, el alma y la vida»

– ¿Repostería conceptual?

– Que no necesita grandes ingredientes ni nada exótico. Se basa en esos sabores de hogar, el del pastel de manzana, la tarta de la abuelita, las galletas que se han comido toda la vida… La gente se siente muy identificada porque nos es común a todos. El dulce es sinónimo de celebración. Date cuenta que se come dulce en cumpleaños, bautizos, bodas… El que prepara un dulce obsequia amor, obsequia cariño, obsequia cosas bonitas.

– He leído en su perfil de Instagram una frase tan dulce como cierta: ‘Siempre hay espacio para apapacharse el alma con una galletita’.

– Exactamente. Lo digo porque aunque puedas estar a dieta o seguir un régimen específico de alimentación, siempre hay un huequito para endulzarse el corazón, el alma y la vida, como si se tratara de una fruta.

– Y para dulces, los que exhibe en sus fotos, con el Urumea y los cuarteles de Loiola de fondo. ¡Menuda combinación!

– Salía de mi casa con mis tartas para fotografiarlas ante el río. ¡Qué mejor escenario! Esta ciudad me tiene cautivada. De todas las ciudades del mundo que he visitado, no hay ninguna que me atrapara como San Sebastián. Es hermosa, tiene cosas increíbles, no satura, hay actividades culturales… Mis seguidores dicen que se quieren venir a vivir a aquí.

– Con su actividad repostera diaria, la imagino en pleno confinamiento agotando la levadura en todas las tiendas de su barrio.

– Andaba buscando levadura por todos lados. El chico del supermercado me decía: ‘Pero si ya te la llevaste toda’. Jajaja… Me encanta y ahora que viene el invierno, más todavía. Hornear con frío es delicioso. Es una estación que se presta para hornear.

– Así que ya estará preparando recetas.

– Por supuesto, recetas de invierno. Me encanta la cocina. Me relaja. También me gusta compartir lo que implica la comida, estar con amigos… Cuando cocinas para alguien, protagonizas un acto de amor precioso.

– Y más aún si regala todos los postres que cocina.

– Sí, es cierto. Normalmente, los obsequio a vecinos, a compañeros de la clínica donde trabaja mi hijo… La gente a la que le gusta comer dulce es gente chévere. A veces también como algo a escondidas de mí misma. Escondo el pastel vasco que compro en la nevera. Creo que lo hago para no sentirme culpable. Es un juego loco de la niña que llevo dentro.

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