Premio Pulitzer de novela

“Si Trump es reelegido, morirá mucha gente”

Colson Whitehead publica ‘Los chicos de la Nickel’, basada en un caso real de tortura y asesinatos de adolescentes negros

La Vanguardia, Xavi Ayén, 03-09-2020

La novela de la que todo el mundo lleva un año hablando en Estados Unidos es ‘Los chicos de la Nickel’ (Random House/Periscopi). Su autor, Colson Whitehead (Nueva York, 1969), ha ganado con ella su segundo Pulitzer. Basada en un caso real de continuados maltratos, torturas y asesinatos de adolescentes negros en un reformatorio de Florida, a lo largo de las décadas, ficciona la llegada al centro –por un error judicial, encima– de Elwood Curtis, un joven ejemplar que estaba a punto de entrar en la universidad. Recomendado por Barack Obama u Oprah Winfrey, Whitehead es de esos pocos autores que pude contar sus ejemplares vendidos por millones sin defraudar a la crítica más exigente. Atiende la llamada de este diario desde su casa en Nueva York.

“No hay elementos autobiográficos, no he estado nunca en la cárcel aunque sí me han detenido y me han puesto esposas, como al protagonista, por estar en el sitio equivocado en el momento equivocado, o me han cacheado varias veces para ver si llevaba drogas. Me han influenciado también, como a Elwood, los discursos de Martin Luther King, grabados en vinilos, y los escritos de James Baldwin. Lo más importante aquí son los personajes principales, Elwood, optimista, y Turner, pesimista, que representan dos partes que todos tenemos e intentamos equilibrar. Buscaba mostrar cómo era la vida de los internos, qué pasaba por sus cabezas. Los relatos de lo que sucedió eran tan espeluznantes –leí numerosos testimonios directos de supervivientes y trabajos periodísticos– que no funcionaban en términos de ficción y algo tuve que suavizar”. Se permite, eso sí, llamar ‘la Casa Blanca’ al lugar donde les torturan “porque era, en efecto, blanca, así la recordaban”. Sostiene que “estas cosas no han cambiado, siguen sucediendo, por ejemplo, en los campos donde se acumulan los emigrantes mexicanos en la frontera”.

“He escrito sobre una pandemia que degenera en un apocalipsis zombie”

En la Nickel (Dozier, en el mundo real), los internos blancos y negros están segregados. Aparece un personaje mexicano, Jaimies, que “a veces es clasificado como negro y otras como blanco, lo que demuestra la arbitrariedad y el azar de las categorías raciales”. Básicamente, los chicos trabajan para el Estado en los campos, arando y cultivando, así como en una imprenta que recibe numerosos encargos.

La obra de Whitehead muestra, en general, el lado oscuro del concepto “ley y orden”. Pero ‘Los chicos de la Nickel’ es, afirma, “mi primer libro basado en hechos reales, antes siempre he introducido elementos fantásticos, influenciado por la ciencia-ficción o autores como Stephen King, sobre todo, pero también por latinoamericanos como Borges y García Márquez, que traspasó a la literatura los relatos orales de su abuela”. De hecho, su novela ‘Zona uno’ relata en tono cómico una pandemia que degenera en un apocalipsis zombie: “Esa fue mi aportación literaria al tema y lo voy a dejar ahí –ríe-, no creo que el coronavirus me inspire otro libro. Lo interesante de los zombies, no se engañe, es que no son más monstruos que nosotros, que los personajes de mi última novela, por ejemplo”. En ‘El ferrocarril subterráneo’, su otro premio Pulitzer, imaginó, en la época de la esclavitud, una red de estaciones unidas por raíles bajo tierra que cruzaban el país y permitían huir a los esclavos.

Antes de ingresar en la Nickel, Elwood es víctima de una broma pesada: gana una enciclopedia pero descubre, al llegar a casa, que solo está escrito el primer volumen y los demás tienen las hojas en blanco. “Ese es el primer ejemplo de cómo funciona el juego sucio al que tendrá que enfrentarse: la enciclopedia contiene el mundo entero, un mundo de saberes y posibilidades que sin embargo le está vedado”.

No le parece que los actuales disturbios de Wisconsin, los asesinatos recientes y el Black Lives Matter otorguen especial actualidad a su libro. “¡Para nada! A lo largo de toda mi vida he visto casos de brutalidad gratuita, se habla mucho de ello un tiempo y luego se olvida hasta la siguiente. Nunca se emprende una reforma a fondo del cuerpo de policía, que sigue siendo esencialmente una institución racista, eso no cambia jamás, tal vez se modifica algún pequeño detalle de la legislación que luego derogan los republicanos, cuando vuelven a gobernar. Este era un tema actual hace un año, cuando salió el libro en EE.UU., lo es ahora mismo y lo será en el futuro. Hay desigualdades, hay violencia policial, hay asesinatos, ahora y antes. Lo que más me rebela es la impunidad: nunca nadie rindió cuentas, tampoco ahora, con los casos de Jacob Blake y George Floyd, todos se han ido siempre de rositas, incluso demostrándose las atrocidades, simplemente los suspendían de empleo y ya está. El libro nace de la impotencia de que nadie rinda cuentas. El reformatorio no fue cerrado ¡hasta 2011! Actuó durante un período de cien años. Si no analizamos estas cosas, seguiremos cometiendo los mismos errores de siempre durante generaciones y generaciones”. En concreto, piensa que “si Donald Trump es reelegido en noviembre, mucha gente morirá. No es que Joe Biden fuera mi primera opción, pero habrá muchos menos muertos”.

“Lo peor es la impunidad: nunca le ha pasado nada al agresor o asesino de personas negras”

No cree que los abusos y asesinatos de adolescentes sea un problema específico de EE.UU. pues “cuando presenté la novela en Irlanda, me hablaban de casos de abusos sexuales y palizas con la Iglesia católica, en Canadá también sucedía en centros de educación, seguro que encontrarían ustedes ejemplos similares en España, adaptados a su historia específica”. Pero “no pretendo educar al público sobre temas de racismo ni la actualidad sino dar respuesta a mis propias inquietudes artísticas”.

“La esclavitud es control –prosigue–, privar a los negros de sus derechos de propiedad y movimiento. Al ser abolida, surgieron leyes que mantenían esa opresión: no podíamos votar ni ser propietarios. Es decir, se montó otro sistema paralelo. En 1965, la separación de razas se declaró al fin ilegal, y se protegió el voto de la gente de color, pero siempre hay mala gente ideando cosas para mantener el yugo: cerraban centros de voto en barrios populares, se pedía dinero para obtener las tarjetas censales… Cada vez que se supera un obstáculo, los malos idean otros nuevos”.

“Separo mis emociones de lo que escribo, si no me volvería loco –admite–. Al acabar de escribir ‘Los chicos de la Nickel’, estaba muy cansado y no podía hacer nada, me encerré seis semanas seguidas a jugar a videojuegos con mi familia”. En primavera, acabó una nueva novela, que saldrá el año que viene, “una historia de crímenes y detectives en los años 60, no me he movido mucho de escenario pero sí de tono, aquí el concepto de clase tiene mucha más importancia que el de raza. Soy un escritor muy diverso, no se crea, también tengo un libro sobre póker”.

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