Estrella Morente y El Cigala se mezclan en la noche flamenca de Starlite
El sistema de acceso provocó un retraso de 20 minutos; ahora es el público el que hace esperar a los artistas
Diario Sur, , 07-08-2020El festival Starlite agotó todas las entradas disponibles anoche para una velada que se entregó al flamenco mediante dos figuras de sendas vidas que también se han entregado por completo al arte. Por un lado, Estrella Morente, faro brillante de toda una estirpe que hunde sus raíces en el flamenco, y Diego El Cigala, un tipo al que tampoco se le puede decir que le falte talento, ni en lo artístico ni en lo personal. El hecho de que el recinto del Auditorio de Marbella se llenara supone una alegría para el cuerpo, la brillantez de que hay esperanza, pero también añade incomodidad al laborioso sistema de acceso, un proceso que Starlite está resolviendo con cuidado en esta temporada tan extraña y cuyo cartel dedica a los artistas nacionales, pero que mantiene su esencia de mantenerse como un festival en el que prima la cercanía con los artistas.
Todas las circunstancias ya conocidas provocaron que este concierto doble comenzara con 20 minutos de retraso; últimamente es el público el que hace que los conciertos empiecen más tarde, y no las manías de los artistas, que ahora tienen que esperar a que lleguemos nosotros. Con todo, Estrella se hizo de rogar. Para el calentamiento, un violín árabe dio el aperitivo de un espectáculo que nos quiso llevar a Sacromonte o al Albayzin, a Marruecos, a los rincones más mezclados de nuestra tierra y que también, en muchos sentidos, son los más modernos.
La verdad es que con el artista tocando el violín por las rodillas y la gente todavía accediendo a sus asientos daba la impresión de que el hombre estaba recitando una saeta a una procesión o algo peor: que estaba cortando jamón. En toda aquella introducción comenzó a cantar su hermano, Kiki Morente, y desde entonces lo volvería a hacer durante varios tramos del espectáculo, de una forma, eso sí, esplendorosa, pero que hizo inevitable que llegara un momento en el que no sabíamos si estábamos en un concierto de él o de su hermana o, mejor aún, como si los Morente se hubieran convertido de repente en los Jackson 5 del flamenco. Kiki empezó con aquella preciosidad de «Si yo encontrara una estrella que en el camino me alumbrara», que prácticamente ha definido una vida, y de la que siempre conviene reivindicar una actuación mítica de Enrique en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Granada que particularmente nunca olvidaré.
El escenario todavía estaba casi a oscuras y la luz llegó cuando Estrella hizo su aparición estelar, casi operística, para empezar con las alegrías de las gaditanas y los tirabuzones, señalando su lado fiestero con ese dedo tan suyo que pide silencio y apunta al cielo al mismo tiempo. Luego siguieron unos tangos y después volvió a aparecer su hermano y luego la Orquesta Andalusí de Tetuán. Sonó una zambra que llenó el recinto entero y sobre el escenario se mantuvo erguida la compañía de este sexteto que se añadió al cuadro ya formado por dos guitarras, percusión, dos palmeros y un público que, salvo excepciones, no terminó de entregarse. Los árabes iban de blanco y los flamencos de negro y en medio lucía ella, parapetada en un traje brillante.
También por el mandato del ahora, el público era sobre todo nacional, poco que ver con los extranjeros tostados por el sol que suelen ocupar estos mismos asientos. Pasadas las once y media y con el cierre de la edición pisándonos los talones, apareció El Cigala de una manera también muy estelar, con un sonido marcado por un piano de cola, contrabajo y percusión, al menos hasta ahora, con integrantes urdidos también en la mezcolanza del son cubano, el flamenco o el jazz.
Su repertorio estaría marcado por esta mezcla (que no fusión) de sonidos latinoamericanos y de raíces, desde Carlos Gardel (‘El día que me quieras’) hasta Miguel Matamoros (por su inolvidable versión de ‘Lágrimas negras’ en su inolvidable disco con Bebo Valdés), sin olvidar a Augusto Algueró (‘Te quiero, te quiero’). La noche seguiría con la amenaza de cuatro gotas que cayeron del cielo y se quedaron en eso, y un viento que calmaba las altas temperaturas de la zona en un ambiente caldeado en el que olía más a biznaga que a ‘after sun’.
(Puede haber caducado)