España es el quinto país del mundo que más fondos aporta a Unicef

La agencia salvó en 2019 de una muerte segura a 4 millones de niños y logró vacunar a casi la mitad de los menores de 5 años del mundo

Diario Vasco, ALFONSO TORICES Madrid, 22-07-2020

Los españoles dieron en 2019 otro ejemplo de generosidad y compromiso con los más desfavorecidos. España, pese a ser la economía número trece del planeta, fue el quinto país del mundo que con más fondos contribuyó al éxito de las campañas y actuaciones de emergencia humanitaria de Unicef. La agencia de la ONU para la defensa de los derechos de los niños contó con el respaldo de 100 instituciones y 300 empresas españolas, pero sobre todo con las donaciones individuales de 434.358 ciudadanos, que fueron los que aportaron casi el 70% de todos los recursos.

Así lo destacó «con orgullo» Gustavo Suárez Pertierra, el presidente de Unicef España, durante la presentación de la memoria anual, pero, al tiempo, alertó que este año, debido a la pandemia global de coronavirus, la organización precisa más fondos que nunca porque las necesidades en todo el planeta van a ser «enormes». «La pandemia por Covid-19 nos ha recordado el papel crucial de la cooperación y la necesidad de reimaginar un mundo con unos sistemas de salud, educación y protección reforzados en todos los países y para todos los niños», comentó Suárez Pertierra.

En el mismo punto insistió Javier Martos, director ejecutivo de Unicef España. Avisó que la pandemia de Covid es «un grave problema estructural que amenaza con hacer retroceder una década los avances en salud, en educación y en lucha contra la pobreza infantil logrados en los últimos años en los países más vulnerables». Tanto él como la representante en Líbano, Raquel Fernández, indicaron que la crisis global causada por la pandemia puede paralizar en muchos lugares las exitosas campañas de vacunación y contra la desnutrición; provocar un incremento de la explotación laboral, los abusos sexuales, la violencia y los matrimonios forzados derivados de la multiplicación de familias pobres; y causar un notable retroceso en la educación de los jóvenes más desfavorecidos, por el cierre de colegios y la falta de tecnología para seguir clases telemáticas. Juan Haro, representante en Níger, aseguró que, tras el Covid, «la ayuda a través de Unicef es más importante y necesaria que nunca». «En este país, una vacuna, un menú escolar o una letrina en casa puede salvar una vida, pero hoy todavía más», resumió.

Alertan que la Covid amenaza con hacer retroceder una década los grandes avances en salud, educación y lucha contra la pobreza logrados en los países más desfavorecidos

La contribución española, que rozó en 2019 los cien millones de euros, fue muy importante para ejecutar varios de los principales programas de Unicef en 190 países, según remarcó Henrietta H. Fore, la directora mundial de la agencia, desde Nueva York. Dos de los mayores éxitos del ejercicio, destacó, fueron las acciones que permitieron salvar de «una muerte segura por desnutrición» a más de cuatro millones de niños y niñas inmersos en situaciones de emergencia y la campaña de vacunación contra buena parte de las enfermedades prevenibles, con la que se llegó a inmunizar a casi la mitad de los chicos de menos de 5 años del planeta, en concreto al 45%.

La agencia humanitaria proporcionó también ayuda para salir de la pobreza a 51 millones de pequeños y a sus familias y garantizó que recibirán una educación y formación indispensable para mejorar su vida a 17 millones de escolares que no la tendrían de otro modo. Entre sus principales acciones están el haber evitado la celebración de casi seis millones de matrimonios infantiles y de haber conseguido sacar de su infierno y reintegrar en la sociedad a más de 14.000 niños y niñas soldado, principalmente en países africanos.

En 281 crisis humanitarias
Los programas globales de Unicef permitieron el acceso a servicios de salud mental y dieron apoyo psicosocial a 3,7 millones de chicos y jóvenes y garantizaron un recurso indispensable para la supervivencia, como es el agua potable, a casi 40 millones de pequeños y a sus familias, inmersos en crisis humanitarias.

Y es que Unicef, además de mantener sus programas de actuación regulares y estables, respondió en 2019 a 281 crisis humanitarias en 96 países. «Trabajó sobre el terreno, día a día, en las circunstancias más adversas, para garantizar la supervivencia, educación y protección de millones de niños y mujeres afectados por guerras, desastres naturales y desplazamientos, como fueron los conflictos en Siria y Yemen, la crisis de refugiados rohingya en Bangladesh, o las inundaciones en Mozambique», recordó Suárez Pertierra.

En España, los dirigentes de Unicef explicaron que se han implicado en programas de ayuda a escolares con brecha tecnológica y en el complemento de las administraciones para combatir las bolsas de pobreza y marginación social, pero que sobre todo han presionado para que se cierren en todas las autonomías pactos por la infancia, para que se aprueben medidas como ingreso mínimo vital, o para que se mantenga pese a ello la ayuda por hijo a cargo. También han extendido los programas de educación en derechos a centenares de colegios y han logrado la participación y escucha de niños y jóvenes en consejos asesores municipales.

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