Trump ahonda la división y el odio racial en la celebración por el Día de la Independencia

El presidente utiliza Rushmore para hacer campaña y denunciar «una revolución cultural de izquierda» que quiere «acabar con Estados Unidos»

Diario Vasco, IVIA UGALDE, 05-07-2020

Si alguien esperaba escuchar un discurso conciliador y de unidad con motivo de la gran fiesta nacional del 4 de julio de Estados Unidos, se equivocaba. El gran acto celebrado en Monte Rushmore la noche del viernes para conmemorar el Día de la Independencia se transformó en realidad en un mitin de campaña en el que el presidente, Donald Trump, arrojó aún más gasolina sobre el fuego de la división y el odio racial que ha prendido en el país desde que el pasado 25 de mayo el afroamericano George Floyd fue brutalmente asesinado por un policía blanco que le detenía sin oponer resistencia.

El inquilino de la Casa Blanca, que aspira a su reelección en los comicios del próximo 3 de noviembre, acudió al simbólico acto en Dakota del Sur con las ideas claras y la teoría de la conspiración bien interiorizada. «Nuestra nación está siendo testigo de una campaña despiadada para borrar nuestra historia, difamar a nuestros héroes, borrar nuestros valores y adoctrinar a nuestros hijos», afirmó ante sus fieles tras denunciar que está en marcha una «revolución cultural de izquierda» que sólo pretende «acabar con Estados Unidos».

«Las turbas enojadas están tratando de derribar las estatuas de nuestros fundadores, desfigurar nuestros monumentos más sagrados y desatar una ola de crímenes violentos en nuestras ciudades», advirtió mientras una multitud de 7.500 personas le jaleaba y aplaudía eufóricamente al grito de «¡USA! ¡USA!». Tal y como se preveía, ninguno de los presentes mantuvo la distancia social y tan solo unos pocos usaban mascarilla, pese a que el país – el más castigado por la pandemia en todo el mundo – suma cada día un nuevo triste récord en las estadísticas del coronavirus.

 Solo el viernes, mientras el mandatario norteamericano arengaba a sus seguidores, se contabilizaron 60.383 nuevos casos en 24 horas. Otro trágico balance que eleva a 2,8 millones los infectados en Estados Unidos, donde las muertes superan ya la barrera de los 130.000, 20.000 más de las previstas por Trump en el peor de los escenarios. En Rushmore, sin embargo, prefirió pasar de puntillas otra vez sobre la peor crisis sanitaria en un siglo. «Diremos la verdad tal como es, sin disculparnos: éste es el país más justo y excepcional que haya existido en la Tierra», ensalzó.

Pero para Trump el verdadero enemigo de la nación es «el nuevo fascismo de la extrema izquierda». Y ése es el que animó a combatir a los votantes blancos descontentos, porque – dijo – «está diseñado para derrocar la revolución estadounidense». «Al hacerlo, destruirían a la misma civilización que rescató a miles de millones de la pobreza, la enfermedad, la violencia y el hambre, y que llevó a la humanidad a nuevas alturas de logros, descubrimientos y progresos», subrayó.

El presidente no quiso pasar por alto el simbolismo del lugar elegido para su discurso, a los pies de los colosales rostros de piedra de los expresidentes George Was – hington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Theodore Roosevelt. «El Monte Rushmore será siempre un tributo eterno a nuestros antepasados y nuestra libertad. Este monumento nunca será profanado. Estos héroes no serán desfigurados. Su legado nunca, nunca será destruido», prometió, acompañado en el escenario por la primera dama, Melania Trump.

El acto, sin embargo, no solo incomodó por su retórica a las miles de personas que protestan desde hace más de un mes contra el racismo y la discriminación, y a quienes recuerdan que Washington y Jefferson fueron propietarios de esclavos mientras cuestionan el papel histórico de Lincoln y Roosevelt contra los indígenas. También fue considerado una provocación por los nativos americanos, que consideran las Colinas Negras un territorio sagrado que les arrebató el Gobierno federal. Ayer quince de ellos fueron detenidos por protestar e intentar bloquear con vehículos el acceso al memorial.

En ese ambiente crispado y con el coronavirus sin dar tregua, Trump prosiguió anoche con la conmemoración del 4 de julio. Esta vez fue en Washington, con un discurso acompañado por el lanzamiento de 10.000 fuegos artificiales y el sobrevuelo de los escuadrones acrobáticos. A diferencia de lo ocurrido en Dakota del Sur, las autoridades de la capital sí exigieron distanciamiento social y el uso de la mascarilla.

     

    

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