«No puedo respirar»

MI GENOMA Y YO Si nos indigna todo lo que se ha erigido con esclavos, adelante, demolamos el Coliseo, el Partenón, las pirámides de Gizah

Diario Vasco, ÁLVARO BERMEJO, 23-06-2020

En otro tiempo hincar la rodilla ante la Justicia significaba una petición de clemencia. En Minneapolis fue así como un policía asesinó a George Floyd, una semana antes de que otro tiroteara a Rayshard Brooks en Atlanta. La brutalidad policial en EE UU acredita mil muertes anuales, un cuarto de raza negra. Pero en orden a la ‘nueva moralidad’, los culpables no parecen ser otros que Rett Butler y Scarlett O’Hara, los protagonistas de ‘Lo que el viento se llevó’.

En la película se salvaron del incendio de esa Atlanta donde murió Brooks. Un siglo después la plataforma HBO la ha retirado de su parrilla mientras por todo el planeta se derriban estatuas, tanto da de Churchill que de Colón, bajo la acusación de alentar un binomio letal: el racismo incubado por el colonialismo.

Dentro del cretinismo global que nos ocupa, la nueva Inquisición progresista parece responder a un programa orwelliano de lobotomización planetaria. Si se censura como incorrecta ‘Lo que el viento se llevó’, habrá que extender el anatema a todos los westerns que presentan masacres de buenos salvajes a cuenta de supremacistas blancos. Si nos indigna todo lo que se ha erigido con esclavos, adelante, demolamos el Coliseo, el Partenón, las pirámides de Gizah. Ayer tildábamos de bárbaros a los talibanes que dinamitaron los Budas de Bamiyán. Hoy tenemos la barbarie a pie de calle, alineada en el nuevo Eje del Bien que capitalizan las rectas conciencias.

Es así como causas justas degeneran en cruzadas macartistas, o en catequesis vicarias de la infantilización general. Un mundo donde la opinión apesebrada impone modelos de perfección moral, la contrición obligatoria y, presentado como muy cool, el «muera la inteligencia» que ladró Millán Astray ante Unamuno. Los nuevos catedráticos son doctores en demagogia que, a la manera de Hitler, condenan a la quema todo Arte Degenerado. No reparan que el primer Oscar a una actriz de raza negra recayó en Hattie McDaniel por su papel en ‘Lo que el viento se llevó’, y que fue así como Hollywood comenzó a abrirse a la diversidad racial.

¿Qué vendrá después? El final de cine para adultos, el de la literatura para adultos, el del arte para adultos. Porque el nuestro es ya un mundo de niños babeantes adoctrinados por la versión posmoderna del Tartufo y la Monja Alférez. No preguntes por quién doblan las campanas ni qué fue lo que se llevó el viento. Todos somos George Floyd, con un policía de costumbres hincándonos su moralina en el gaznate.

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