«No olvidamos nunca a los refugiados»
Diario Vasco, , 15-06-2020Un gran esfuerzo el que desplegaron los cocineros de la comarca de Debabarrena en el reto solidario en favor de la ONG Zaporeak. Y la ciudadanía apoyó este acto que suponía el reinicio de las actividades públicas de la ONG tratando de conseguir el máximo de alimentos, con el fin de ayudar a los refugiados que se encuentran en el campo de Moria, en las islas griegas.
Cerca de 150 raciones de lentejas con arroz y pollo se sirvieron en Unzaga, en una alegre mañana dentro de una competición «sencilla, ambiciosa y animada a la vez», en la que se pudieron obtener cerca de 3.000 kilos de lenteja pardina, en Eibar, y de arroz redondo en Ermua, para su envío a los campos de refugiados.
Los cocineros Mireia Alonso, de Eibar y Jesús González, de Ermua, con la colaboración de otros chefs, prepararon un plato elaborado con sus respectivos ingredientes que después pudo ser adquirido al precio de 5 euros. En forma de tuppers se consumieron en los domicilios con el fin de garantizar las medidas de prevención y seguridad contra la Covid-19. Los que lo consumieron todos coincidieron que estaba «exquisito». No obstante, aunque la fiesta estaba prevista para su celebración el pasado mes de marzo coincidiendo con el Eibar-Athletic, más de uno se acordó «con el nivel que podía adquirir el evento si hubiera tenido lugar en aquella fecha con presencia de las aficiones de ambos equipos en la calle».
«Los refugiados lloran al sentir que sus hijos no tendrán un porvenir en el futuro ante las nulas posibilidades formativas»
Precaria situación
En la plaza de Unzaga se contaba con un stand de venta de camisetas, diseñadas especialmente para Zaporeak, junto con un espacio informativo para dar cuenta de la situación que se vive en los campos de refugiados. Entre ellos, se encontraba el voluntario eibarrés Efrén Flores que ha estado colaborando con la asociación Zaporeak cocinando y dando de comer a miles de personas refugiadas en los campos de Grecia. «En tres ocasiones he estado en los campos, dos en Moria y otra en Chio, en los tres últimos años, con largas estancias de días».
En esta dirección Efrén hablaba de la situación comprometida que se sigue viviendo en las islas griegas con la constante llegada desde Turquía de refugiados, pese a que la Armada griega pone todo tipo de trabas a las embarcaciones de goma a las que empuja hacia aguas turcas. «Zaporeak sigue prestando su apoyo a personas preparando comidas hasta a un total de 1.800 al día. Contamos con una coordinadora y una cocinera, junto con el personal del campo que toma parte en la preparación de comidas, junto a otras ONGs europeas».
En concreto, los campos acogen, en este momento, un total de 20.000 refugiados, para un campo con una capacidad de 4.000 personas. La situación por el Covid-19 ha agravado la vida de los refugiados, una vez que la pandemia ha elevado el tiempo de confinamiento. Efrén contaba los efectos del coronavirus. «Antes podían salir, pero ahora no. Además se va alargando el confinamiento, con lo que la situación se agrava por no poder acercarse ni siquiera a la capital».
No ha faltado tampoco el ingenio en estos días duros. Zaporeak entrega comida seca a la ONG Movement on the ground y ellos se encargan de repartir entre otros colectivos de refugiados legumbres, arroz, dátiles o leche para que cada uno lo cocine en su hornillo. También esta asociación ha tenido que hacer mucho más hincapié en la higiene, aunque ya se hacía: desinfectando tarros, cajas y trabajando con guantes y mascarillas. No obstante, siente la satisfacción que los alimentos que se envían mejoran su salud. Efrén habla que «por ello no podemos olvidar nunca a los refugiados porque nuestro apoyo es más que necesario. Los refugiados más débiles mejoran de salud con nuestras comidas y apoyo».
Pero lo más duro es comprobar la tristeza de los refugiados. «Se ponen a llorar y dicen que sus hijos no tienen un porvenir en el futuro ante las nulas posibilidades formativas. Hay una escuela primaria, pero no hay nada para preparar oficios», relataba Efrén.
Las condiciones de vida son para echarse a temblar. Los miembros de Zaporeak hablan que «tratan de mantener la higiene pero es inviable. Hay un grifo por cada 1.300 personas, la mayoría no tiene inodoro ni ducha».
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