Meses cargados de gran intensidad en Alambique
El confinamiento ha servido para estrechar lazos entre los menores extranjeros acogidos y los trabajadores del centro
Diario Vasco, , 13-06-2020El hogar residencia de menores extranjeros no acompañados Alambique, ubicado en Urretxu, viene funcionando desde el 20 de octubre de 2008, y en sus 12 años de funcionamiento nunca había atravesado una situación como la provocada por la llegada de la pandemia, tal y como explican Maitane Beranoagirre Derteano, psicóloga y responsable del hogar, y Ainara Garro Pedrosa, educadora social.
De entrada ambas coinciden en el susto inicial. «Vimos que era grave a tenor del cierre de los centros educativos y la paralización de la actividad, y la reacción no tardó en llegar y en dos semanas ya nos habíamos puesto las pilas. Recibimos inmediatamente una serie de medidas enfocadas a intentar conseguir el objetivo de preservar la salud ante esta epidemia y proteger a los menores. Hubo que reorganizar todos los aspectos de la vida cotidiana en el funcionamiento del hogar atendiendo a las recomendaciones y directrices sanitarias del momento. Las pautas de limpieza, en nuestro caso tomaron un peso muy importante, así como a nivel educativo explicar a los chavales acogidos que no se podía salir y afrontar cómo gestionar los horarios implicándoles a ellos en el proceso», explica Maitane.
Además en esos momentos estaba el componente emocional, en la que además de la situación profesional está la personal con la familia. «Una vez que nos pusimos en marcha», explica Maitane, «hemos funcionado bien, hemos sido muy rigurosos con las medidas de prevención y control y durante el confinamiento no se ha dado ninguna incidencia reseñable».
Ainara Garro señala que desde el primer momento «los acogidos han tenido un comportamiento bueno, conocedores de la situación, no se podía salir de casa y había que mantenerse activos, para lo cual les hemos ido proporcionando medios y han estado arropados las 24 horas».
En ese sentido, añade Maitane, «hemos tenido mayor dificultad con la fase de desescalada. Inicialmente no eran conscientes de lo que pasaba, porque no habían tenido ocasión de ver la enfermedad de cerca y las reacciones son diversas, unos no le dan importancia a salir de paseo y otros se agobian».
Con toda la rutina trastocada hubo que reinventarse sobre la marcha. «Tuvimos que replantear nuestro propio método de trabajo que atiende al vínculo y a un dialogo apreciativo para potenciar los aspectos resilientes de los menores, estando sometidos al cumplimiento escrupuloso de una distancia interpersonal en la intervención para prevenirnos del contagio, eso en el hogar las 24 horas».
Y es que el hogar de acogida, ubicado en un chalet de Lilibaso, propiedad de la Diputación, cuenta en la actualidad con 10 menores extranjeros acogidos, de edades entre los 14 y los 18 años. El equipo de personas que trabajan en este servicio es de 13: dirección, responsable del centro, educadores tutores e integradores sociales, y también auxiliares domésticos.
A través de un proceso gradual de vinculación con el adolescente, se les explica el funcionamiento general del recurso y cuáles son sus derechos y obligaciones. «Vamos construyendo conjuntamente una idea de hogar, teniendo en cuenta las características de esta población, ya que algunos han vivido mucho tiempo en la calle y están en un proceso migratorio sin referentes adultos y sin arraigo a un lugar.
Uno de los más importantes y preferenciales es el idioma. Se les enseña básicamente el castellano y el euskera. Eso les permitirá relacionarse con el entorno «de forma transversal con el lenguaje», afirma Maitane, responsable del hogar en Urretxu, «y resulta clave trabajar sobre el conocimiento de la cultura de allí y la de aquí, para comprender el significado de las expresiones y las situaciones convivenciales».
Las gestiones administrativas se paralizaron, los centros escolares también, la vida en la calle se interrumpió, se paraliza todo por completo. Ya no iban a los centros de formación y se generó una carga de trabajo en el hogar de acogida que califican de «abrumadora». Quienes cursan la ESO lo hacían telemáticamente con los profesores del centro; los que estaban cursando Talleres, han contado con muy buena colaboración que ha sido casi diaria. «Pero además de llevar a cabo una labor académica, como en todas las familias, había que destinar atención al tiempo de ocio y de convivencia y ahí se ha dado un esfuerzo superlativo que ha estrechado más la relación entre los menores y los educadores. Frente al confinamiento tienen que notar la cercanía y recoger las emociones de esos chavales y para ello han podido tener más llamadas a familiares, aunque no así el contacto de calle con sus amigos».
Al igual que en el resto de los hogares de la comarca, la incertidumbre y lo súbito del confinamiento produjo su impacto tanto en el personal como en los usuarios. «Hay chavales que han necesitado un arrope especial, momentos de esos también hemos tenido», afirman Maitane y Ainara. «Hubo un momento en el que cuatro de los chavales estuvieron aislados en cuarentena por orientación sanitaria porque presentaban unas décimas de fiebre, lo que les motivó a estar enfadados y contrariados influyendo en su estado anímico».
Los estados de ánimo han ido de un lado a otro porque tiempo ha habido para todos. «Hemos trabajado con los colegios y con los chavales codo con codo. Chavales que tenían atención psicológica individualizada se ha mantenido. Además se han mantenido todas las coordinaciones posibles de manera telemática, tan solo han faltado las salidas a la calle».
Desde que se inició la desescalada han tenido que replantearse cosas. «El acompañamiento del equipo educativo los primeros días es alto; estamos presentes para explicar cuál es la situación actual de las cosas, porque en 2 meses la sociedad ha cambiado una burrada; que vean que hay medidas que deben respetar así como respetar la nueva situación. De forma individual empiezan a tener la opción de salir solos, responsabilizándoles sin cuestionar si los van a cumplir o no. Hemos trabajado su conocimiento previo de las cosas y todo ha ido bien».
Sin embargo, no todo ha salido como se esperaba: se da el caso que uno de los chavales había conseguido un trabajo en prácticas en una empresa de Pasaia, pero les han comunicado que no vaya, porque no hay trabajo. «Es una pena porque para un caso como este detrás hay horas de trabajo y esfuerzos para conseguir que se haga posible, y se derrumba todo de repente».
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