Lectores corresponsales
El impactante testimonio de un español víctima del racismo en Alemania
“La soberbia con que muchos alemanes tratan al mediterráneo es hiriente, cuando no directamente agresiva; ser racista ya no es solo una cosa de la extrema derecha”
La Vanguardia, , 11-06-2020“Nuestras maletas maltrechas estaban apiladas en la acera nuevamente; teníamos mucho por recorrer. Pero no importa, el camino es la vida” (Jack Kerouac)
El grito de un Emigrante. Vivir se ha convertido en un privilegio. Tenemos que pedir permiso para vivir, permiso para movernos, permiso para sobrevivir, permiso hasta para usar y disfrutar del sol… No me extrañaría en un futuro próximo pedir permiso para respirar.
Soy una persona tranquila, para algunas personas demasiado tranquila, pero la discriminación, la injusticia y la desigualdad son cosas que me intranquilizan, que me hacen perder mi calma.
No es fácil ser un emigrante español en Alemania. La soberbia con que muchos tratan al mediterráneo es hiriente, cuando no directamente agresiva. ¿Es posible hacer una unión en nada con estas bases sociológicas de desprecio al sur?
— “Ya está aquí el típico grupo de españoles”.
Estas son las palabras escupidas con desprecio por un ‘armario empotrado’ de seguridad a la entrada de una tienda de Wuppertal.
Desgraciadamente, el racismo ya no es solo un problema de la extrema derecha en este país. Se ha movido al centro de la sociedad”
El racismo tiene que ser un tema a tratar en la educación infantil, primaria, secundaria, universitaria y en la educación de la vida (política, parental, vecinal…).
El racismo, disimulado, es una actitud normalizada en las sociedades modernas, una actitud que nos recuerda a nuestro ser animal. Por ello, necesitamos avanzar, y evolucionar, en este aspecto.
Alemania tiene un problema persistente de discriminación racista y no apoya a los afectados de manera consecuente a la hora de hacer valer sus derechos.
Todas las sociedades tienen su punto racista, también la española. Ningún país está libre de caer en la intolerancia. El racismo es veneno, el odio es veneno y este veneno existe en la sociedad.
Racismo es una ideología que defiende la superioridad de una raza frente a las demás y la necesidad de mantenerla aislada o separada del resto dentro de una comunidad o un país.
El racismo es el rechazo por diferencias biológicas hacia una persona a quien se le considera de raza inferior, es decir, es una ideología de superioridad.
La xenofobia proviene del griego xenos que significa “extranjero” y phóbos que significa “miedo,” por lo tanto, es un rechazo únicamente hacia las personas extranjeras.
El racismo surgió en la Europa Occidente con el fin de justificar la supremacía de la raza blanca sobre el resto de la humanidad.
El racismo fue usado a partir de las últimas décadas del siglo XIX por los países europeos para comprobar la legalidad de movimientos de dominación colonial, jingoísmo y genocidio, en varias partes del mundo.
Intentas hablar su idioma, pagas sus transportes, sus impuestos , contribuyes al país trabajando,sonríes por igual a hombres y mujeres, te informas sobre su cultura e historia, alabas su selección de fútbol campeona del mundo… nada de eso es suficiente”
Al final no puedes nunca olvidar que no formas parte de ellos. Muchos te buscarán las cosquillas para tratar de quedar por encima de ti. Otros simplemente te ignorarán. “Tienen muchos extranjeros y es normal”…
Vivir en Alemania no es sinónimo de riqueza, buena vida y de un buen trabajo. Vivir en Alemania es sinónimo de lucha, de trabajo duro, de sacrificio, de soledad, de valentía, de supervivencia y ¡muchas veces ser humillado y despreciado!
También significa renunciar a muchas cosas y sacrificarse con otras con el fin de tener una mejor vida.
El enfrentar la barrera del idioma con mucha dedicación y esfuerzo, es muy necesario para formar parte de la vida en Alemana y adaptarse a las costumbres y tradiciones de una patria diferente.
Esto es para aquellos que nunca han salido de su tierra y se atreven a criticar a aquellos que una vez con un poco o mucha valentía, mucho miedo, esperanza nos atrevimos a dejar nuestra tierra para buscar nuevos horizontes y un futuro mejor.
Pagamos así el alto precio del sueño alemán y el hecho de estar lejos de nuestro seres queridos. Mi perspectiva es clara: no voy a agachar nunca la cabeza ante quien pretende darte a entender que es mejor que tú y pretende que lo asumas.
Por supuesto que mi país, España, ha caído muy bajo, tanto que a veces me avergüenzo de él. Su imagen es pésima por culpa de unos políticos corruptos. El luterano norte de Europa no entiende que no se pidan responsabilidades y en cierta manera es algo muy comprensible”
El racismo que se critica ferozmente es el de ‘Mi lucha’. Uno queda muy bien si en una conversación comenta indignado las masacres, el Holocausto, la esclavitud. Pero el otro racismo, el de todos los días, el de “los del sur de Europa son vagos, lentos, tontos, serviles, ladrones, sucios, ignorantes, salvajes, lascivos…”, el racismo doméstico de la señora y la asistenta, del empleador y el obrero, del conductor y el peatón, del guardia y el paseante, no se ve tan mal en Alemania, no se critica.
La emigración es un estado rudo, desafiante, castigador, te hace sentir vulnerable, desamparado, torpe, huérfano y hasta delincuente, pero el mundo es de todos y, sobre todo, mío, porque defiendo con mi carne y mis huesos el derecho de la gente a vivir en el suelo que le dé la gana. Y a mí hoy me ha dado la gana vivir en Alemania, aunque sigues pensando en volver a España.
Los trabajadores emigrantes se encuentran entre las personas más vulnerables de la sociedad, son los menos protegidos. A menudo llegan a los países de acogida donde realizan trabajos que los nacionales ya no quieren hacer, es decir, los que en inglés se denominan con las ‘tres D’ por sus iniciales que significan ocupaciones sucias, degradantes y peligrosas. Regularmente están sujetos a tratos abusivos, de explotación y discriminatorios. La situación ha empeorado en cierto modo debido a algunos aspectos de la globalización y la liberación del comercio.
Los emigrantes aceptamos a menudo condiciones de trabajo inhumanas y mal retribuidas, que la mayor parte de los autóctonos no aceptan”
La difícil situación por la que pasamos muchos emigrantes es pues la consecuencia de un sistema económico que puede llegar a ser particularmente cruel.
No es justo decir que todos los emigrantes venimos sólo atraídos por las “luces de la ciudad”: las familias vivíamos mal en España, paro indefinido, desahucios tras desahucio… Nos embarcamos en una aventura arriesgada.
Nunca he visto un alemán trabajando en la recogida de basura. No digo que no existan, pero en siete años no he visto a ninguno.
Para los españoles y extranjeros que trabajamos en la basura en Alemania, muchas veces, debemos hacer un recorrido de más de veinticinco kilómetros al día andando, cargando con bidones pesados, oliendo a putrefacción, con riesgo de infección, virus, bacterias, lesiones en la espalda… Ningún alemán va a pedir trabajo ahí porque no les conviene, ni a ellos ni a los jefes.
Estamos aquí haciendo un trabajo que no quieren hacer los alemanes en unas duras condiciones de vida y de trabajo, que lleva a mucha gente a enfermar. Y eso que la mayoría estamos acostumbrados al duro trabajo de la construcción, al campo…
La historia se repite. Los procesos migratorios son semejantes, aquí, allí, hace cuarenta años y en el 2020.
El dinero que ganas en Alemania apenas se refleja en un cambio de vida: los hijos, comprar zapatillas, ropa, alquiler, calefacción… ¡Son tantas la necesidades sin cubrir!”
Entrar en un local de ocio está mal vistos por los alemanes, que no soportaban nuestros gritos ni nuestras risas. Además, no nos podemos permitir gastar, porque el objetivo es ahorrar y enviar dinero a España. No conocemos muchas ciudades , porque no salimos, vamos del trabajo a casa y de casa al trabajo.
La emigración es un hecho universal y, cuando se realiza por pura supervivencia, también es un drama humano.
Los que la hemos vivido, sabemos que nos rompe la vida en mil pedazos. Hay algo así como una pequeña muerte que hay que llorar; hay que pasar el duelo y no todos tienen la capacidad ni las condiciones para superar ese trance de la misma forma.
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