Las huellas sociales de la pandemia

COMBATIR LA DESIGUALDAD SOCIAL EXIGE PRIORIZAR LA LUCHA FRENTE A LA PRECARIEDAD, LA EXCLUSIÓN Y LA POBREZA

Deia, JUANJO ÁLVAREZ , 18-05-2020

Esta triple crisis sanitaria, económica y social nos interpela a todos, a título tanto individual como sistémico o estructural. Vamos a tener que actuar y reflexionar de forma casi sincrónica porque el contexto post pandemia va a ser muy duro, catártico en lo económico y en lo social, y este reto exige grandes acuerdos, grandes consensos políticos y sociales. ¿Estamos preparados para ello?

Con frecuencia valoramos de verdad lo que tenemos solo cuando lo perdemos. Con Europa, con nuestro proyecto de vida social en común europeo pasa algo parecido; todo el mundo lo criticamos, seguramente con razón, pero pocas veces nos acordamos de señalar que, con sus muchos defectos e insuficiencias, es, sin duda, el mejor antídoto frente a populismos como el que representa Trump, que simboliza con su insolidaridad y su prepotencia además de mal gusto, tan soez como vulgar, la deriva de un sistema político que deja abandonadas a las personas a su suerte. ¿Vamos a comportarnos así en Euskadi, en España, en Europa?

La dura crisis que se nos anuncia tendrá su más dramático exponente en la vertiente social, mostrando el empobrecimiento y las dificultades vitales de personas y familias que no alcanzan a vislumbrar un futuro con empleo y modos de vida dignos. Por ello hay que situar en el centro del debate la cuestión relativa al alcance y extensión de nuestro sistema de protección social, clave para frenar la desigualdad y para cohesionar más y mejor nuestra sociedad.

Necesitamos hacer realidad el reto de una visión transformadora y de un proyecto compartido; no han de ser palabras huecas, debemos pasar de la retórica discursiva a la acción: sin ese relato compartido, sin el esfuerzo común de agentes públicos y privados, no será posible acometer la ingente tarea que tenemos por delante. El modelo social basado en la sociedad de consumo y el capitalismo global generará, si no se corrige y modula desde lo social, un efecto de creciente desigualdad. En lo económico y social, el reto tiene una doble componente: consolidar e incrementar en lo posible la riqueza social y a la vez reforzar y mejorar los mecanismos de su distribución.

¿Cómo y dónde debemos innovar socialmente para hacer realidad el reto de minorar el impacto de las huellas sociales de la pandemia? En ámbitos como los nuevos modelos de cuidado y salud de las personas mayores centrados en la persona, en los distintos mecanismos para garantizar que toda la ciudadanía tenga acceso a los recursos necesarios para tener una vida digna, en el papel de la Unión Europea respecto a las implicaciones socioeconómicas de la crisis, en la existencia de paraísos fiscales que deben ser investigados para garantizar los recursos necesarios para sostener las instituciones del estado de bienestar o en el impacto específico que esta crisis tendrá sobre la brecha de género, entre otros.

Combatir la desigualdad social exige priorizar la lucha frente a la precariedad, la incertidumbre, la exclusión y, en su versión más extrema, la pobreza que ya asoma tras esta crisis; en su dimensión sanitaria el virus afecta potencial y simétricamente a todo el conjunto de la ciudadanía pero en su dimensión social el efecto sobre esa ciudadanía es tan desigual como lo es la propia sociedad.

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¿Es suficiente con mantener la inercia del llamado estado de bienestar o debemos acometer su reforma? Hay que reforzarlo y adaptar su jerarquía de objetivos a la nueva realidad, en cuestiones tan fundamentales como la colaboración público-privada, el papel de la sociedad civil y las estrategias comunitarias o el de poner el énfasis en la redistribución como vía para garantizar su sostenibilidad. Nuestro futuro como sociedad está en juego. Ojalá estemos a la altura de este gran reto intergeneracional.

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