Es urgente reabrir las escuelas
Es un error tremendo no invertir para adaptar la situación de los colegios. La educación 'on line' agrava las desigualdades
El Periodico, , 08-05-2020Tengo dos nietos en edad preescolar. En medio de este tiempo de cólera, me pregunto qué impactos tendrá en la educación y oportunidades futuras de ambos el hecho de que uno viva en Suecia y el otro en Barcelona.
Las guarderías y centros de primaria suecos han permanecidos abiertos. Las autoridades han puesto los medios para que los maestros pudieran organizar la actividad docente de forma segura. A la vez, han compartido con los padres la responsabilidad de decidir si llevan o no a sus hijos a la escuela. Mi hija y su marido dudaron acerca de qué opción tomar. Finalmente decidieron llevar al pequeño a la guardería.
Mi hija de Barcelona y su marido no han tenido que asumir esa responsabilidad. Aquí hemos cerrado a cal y canto las guarderías, las escuelas, los institutos y las universidades. Hasta hemos cerrado los centros de investigación, que deberían haber sido considerados “actividades esenciales”, especialmente los relacionados con la investigación biomédica.
Entiéndanme bien, no cuestiono la decisión de cerrar los centros. Una vez que la pandemia se había descontrolado era la mejor decisión. Países como Francia, Alemania, Bélgica o Dinamarca hicieron lo mismo. Pero una vez han conseguido “aplanar la curva” de contagios (un término ya tan familiar como lo de la “prima de la deuda” en la crisis del 2008), han decidido que una de las primeras actividades a reabrir la próxima semana sean las escuelas.
En España será a partir del 25 de mayo cuando los niños de la etapa infantil podrán volver a las aulas. Pero con una restricción que no sé si he entendido bien: solo los niños cuyos padres acrediten que tienen que ir a trabajar. No lo comprendo. Damos a entender que la escuela infantil es un ’aparcamiento’ para la jornada laboral de los padres, y no un instrumento fundamental de la educación de los niños
La competencia de si abrir o no y cómo es de las comunidades. Hay dos modelos opuestos. El País Vasco está negociando con los centros una apertura amplia, en la medida en que las condiciones sanitarias lo permitan. Andalucía ha decido que hasta septiembre no se reanudarán las clases. Otras comunidades parecen que van a seguir más el modelo andaluz que el vasco.
El mensaje que damos al no reabrir las escuelas es que no son un “servicio esencial” en el que merece la pena invertir para adaptar la situación de los colegios y la seguridad de los maestros para que puedan reabrir. La opción de la educación ‘on line’ está lejos de ser real. El resultado será agravar aún más las desigualdades: la brecha digital (entre hogares ricos y pobres); la brecha educativa (entre padres que pueden ayudar a sus hijos y los que no); la brecha social (entre padres que pueden teletrabajar y quienes no, o entre quienes pueden pagarse un canguro y quienes no); la brecha de género (entre hombres que pueden mantener su vida laboral y profesional y las mujeres que, en mayor medida, se verán abocadas a permanecer en el hogar para atender a los niños); y, la brecha regional (entre comunidades que hacen el esfuerzo necesario para reabrir y las que no).
La escuela es el mayor instrumento de integración social que tenemos. Especialmente cuando la población inmigrante es elevada. Y, además, es un medio importantísimo para la buena alimentación de los niños pobres. El beneficio de mantenerla cerrada es inferior al daño de no reabrirla.
En un artículo publicado esta semana por el prestigioso semanario británico ‘The Economist’ se hace un relato de las consecuencias del cierre de escuelas, aunque sea de forma breve. A corto plazo, tener que cuidar a los niños limita la productividad y los ingresos de los padres. Perjudica también a las trayectorias profesionales de las mujeres y a sus márgenes de libertad y autonomía personal. Pero, a la larga, este perjuicio no es nada comparado con los efectos que sobre los propios niños tendrá el tiempo de escolaridad y aprendizaje perdido. Además, esos costos recaerán en gran medida en los niños que más necesitan educación y en los más pequeños.
Tengo la impresión de que el argumento de la protección para no reabrir las escuelas oculta el hecho de que dotarlas de recursos no es una prioridad política. Ya sea por desconocimiento o por desidia, es este un error tremendo. Los más perjudicados son los hogares con menos recursos y los niños que viven en ellos. Por eso pienso que ahora lo urgente es reabrir las escuelas.
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