Estado de alarma: ¿quién cederá?
El Diario, , 05-05-2020Dividir el mundo en bandos nunca es buena idea. No hace falta leer “Historia de dos ciudades”, de Charles Dickens, para saberlo. Sin embargo, a veces los clásicos de la literatura, por no decir casi siempre, recogen las respuestas a los grandes problemas de nuestro tiempo. Especialmente cuando cuentan historias que retratan el comportamiento de quienes provocan esos grandes problemas al usar su posición de poder de forma ladina para defender una única verdad y una sola forma de ver las cosas. Pero en realidad nada es ni solo blanco ni solo negro.
No basta que la Historia de la Humanidad esté escrita ni reflejada en las artes escénicas o plásticas. A pesar de que ya sabemos cuál es el destino de las sociedades que se dejan llevar por las disputas que provocan los líderes que las fragmentan, el “divide y vencerás” les sigue funcionando. Aunque sea de manera efímera, no hay nada que una más en un momento dado que el tener un enemigo común. Da igual que en frío pensemos (y sepamos) que nadie es completamente bueno ni completamente malo, ni que tengamos más que comprobado que ni todos los buenos están en un bando ni todos los malos en el contrario. Lo que nos hace mejores o peores como personas –partiendo de que bueno o malo no hay completamente nadie– no es el bando en el que estamos, sino lo que hacemos o dejamos de hacer en cada uno de los lugares en los que habitamos.
Son nuestros actos el reflejo de nuestros valores y nuestros principios, son la ética con la que actuamos. Tanto es así que desde la lógica de los derechos humanos, por ejemplo en materia penal –y en un estado de Derecho– no se juzga a las personas, se juzgan los hechos y su responsabilidad en los mismos, es por esta por los que se condena o absuelve a una persona tras un juicio justo. Solo las miradas punitivistas criminalizan a las personas por lo que son, por ser inmigrante, transexual, madre soltera, negro, feminista, musulmán… Las tratan como delincuentes por ser quienes son.
En estos tiempos donde se corre el riesgo de normalizar conductas y actuaciones que atentan contra la dignidad de las personas y el bien común, la lógica y significado de los derechos humanos recobra una importancia inusual. Principalmente porque estos no tienen ni bandos ni bandas. No por un tema de equidistancia, sino de sentido de justicia.
Sabemos que aquellos a los que no les importa la gente son los que menos escrúpulos tienen para crear división y tomar decisiones que provocan sufrimiento, aunque ellos los llamen sacrificios, efectos colaterales o imponderables. Esto me recuerda la antiquísima historia del juicio del rey Salomón y sobre cómo actuó con justicia. El relato, para quien no lo conozca, cuenta cómo dos mujeres con un bebé acuden al rey reclamando ser ambas la madre. El rey, ante la imposibilidad de saber cuál de las dos lo es realmente pues ambas lo afirman, decide partir al bebé en dos y dar una parte a cada una. En ese momento, la verdadera madre pide, instintivamente, al rey que no haga daño al bebé y que si es necesario se lo dé a la otra madre. Fue esta reacción la que permitió a Salomón tomar la decisión justa al comprobar a cuál de las dos mujeres le importaba realmente la vida de su bebé.
Imaginemos por un momento a ese mismo rey Salomón tener que tomar una decisión ante la polémica de quién debe continuar la gestión de la crisis sanitaria de la COVID – 19. Si el Gobierno de Sánchez a través del estado de alarma o las CCAS a través de las distintas leyes nacionales de Salud. Imagino que, siguiendo el mismo patrón, propondría dividir la gestión: de forma que a los votantes de derecha e independentistas les guiasen las decisiones de los responsables autonómicos y a los votantes de izquierda, las del Gobierno central. ¿Quién cedería instintivamente esa gestión sanitaria para que esta no se viera perjudicada?¿ Los líderes de la derecha o los responsables del Gobierno? Ante una propuesta aparentemente insensata de dividir el país y la gestión, ¿quién estaría dispuesto a ceder? En la respuesta es donde se sabrá a quien le importa verdaderamente la gente por encima de su verdad.
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