Trump pone la inmigración y la pandemia al servicio de su campaña electoral

El presidente quiere firmar esta semana la orden ejecutiva con la que suspender las tarjetas de residencia en Estados Unidos

El Correo, MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York , 23-04-2020

Durante el segundo día de incertidumbre migratoria, dado el anuncio sin articular que lanzó Donald Trump por Twitter para suspender la expedición de tarjetas de residencia, la abogada April Harris informó a sus angustiados clientes sobre la situación: «Nos quedamos tan de piedra como vosotros, pero no entréis en pánico porque esta acción refleja más una maniobra política que la implementación de una política».

Harris tenía razón. Los antecedentes demuestran que, incluso cuando se firme la mentada orden ejecutiva que este miércoles se seguía redactando, no será de gran sustancia y tendrá un alcance y una aplicación limitada. «Esperamos que cualquier orden de ese tipo sea disputada y potencialmente neutralizada en los tribunales», tranquilizó.

El medicamento contra la malaria que la Casa Blanca promovió ha resultado aumentar el número de muertes por el Covid-19

Para Trump es, en efecto, un arma electoral muy valiosa a pocos meses de jugarse la reelección. El mandatario ha lanzado un hueso a sus bases, agitadas por la mayor pandemia del siglo y la economía en barrena. El caldo de cultivo perfecto para quien siempre ha utilizado el miedo y las imágenes apocalípticas en una campaña que lanzó atacando a mexicanos y musulmanes. La inmigración siempre ha sido la cabeza de turco que justifica el nacionalismo del ‘America First’.

«Queremos que los parados estadounidenses sean los primeros en la cola de trabajos cuando reabra EE UU», anunció el martes. «Sería injusto para los estadounidenses despedidos por el virus que se les reemplace con nueva mano de obra inmigrante que traigan de fuera. No lo vamos a permitir».

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En realidad Trump seguirá autorizando la entrada de trabajadores con visado, por lo que su medida, de la que aún no se ha visto ningún borrador, afectará a los que ya llevan tiempo residiendo en el país. No se tocará el turismo ni los visados de trabajadores temporales, lo que asegura un mínimo impacto económico con el máximo impacto mediático. La orden ejecutiva «puede que no sea ni legalmente aplicable», advertía la abogada de inmigración.

50.000 muertos
EE UU pasaba este miércoles de los 50.000 muertos por Covid-19 y superaba los 800.000 casos confirmados. Lo que es peor. El medicamento contra la malaria que el presidente promovió como la séptima maravilla de la medicina ha resultado aumentar el número de muertes. Y el director del CDC, la agencia federal para control de infecciones, ha advertido de que este invierno puede llegar una segunda oleada de la pandemia mucho más devastadora que la primera, al coincidir con el virus de la gripe en esa temporada. Como en la gran pandemia de la gripe española en 1918, la segunda oleada podría cobrarse más vidas que la primera. Y aún sin vacuna.

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El fondo de rescate, que ha añadido otro medio billón de deuda a la economía, se anticipa como otra gota de agua en el océano. «¡Y apenas lo hemos votado ya estamos pregonando que el próximo rescate será la verdadera solución!», protestó indignada la congresista Alexandra Ocasio-Cortes en entrevista con MNSBC, «pero ya han pasado dos recibos de alquiler y dos nóminas sin que la gente haya recibido ayuda».

Donald Trump va a necesitar crear muchos enemigos y sacrificar muchas cabezas de turco para navegar este año electoral, crítico en su vida. Los inmigrantes se preparan para volver a servirle de piñata. «Pero creedme, no son sólo los portadores de visas o tarjetas verdes los que se estremecen con tristeza», concluyó el veterano gabinete de abogados de Manhattan, que trabaja con muchos españoles a poca distancia de la Estatua de la Libertad. «También se estremecen de tristeza los estadounidenses en todos los campos, empeños y profesiones que saben que sus vidas dependen de vuestras contribuciones», se solidarizó.

La ONU advierte de una hambruna «de proporciones bíblicas»
Nuestros mayores cuentan estremecidos que nunca han visto una pandemia como esta en toda su vida, pero lo peor aún puede estar por llegar. David Beasley, director del Fondo Mundial de Alimentación, advirtió este miércoles al Consejo de Seguridad de la ONU que si no actúa inmediatamente la crisis del coronavirus se sumará a las que ya existían para traer al mundo «hambrunas de proporciones bíblicas en pocos meses».

«La resolución 2417 destacó la necesidad de sistemas de alerta para detectar a tiempo», recordó. «Pues bien, estoy aquí hoy para hacer sonar esa alarma». Beasley cree que no tiene tiempo para andarse con rodeos. «Hay un peligro real de que pueda morir más gente de hambre del impacto económico del Covid-19 que del virus mismo», avisó. Según sus estimaciones, el coronavirus puede poner a 130 millones de personas al borde de la inanición para final de año, que se sumarían a los 135 millones ya existentes en el planeta, hasta subir el total a 265 millones de personas. «Nuestro análisis es que 300.000 personas pueden morir de hambre cada día durante tres meses, sin incluir el coste del coronavirus», sentenció.

La interrupción de las cadenas internacionales, el cierre de fábricas, la escasez de bienes, la cancelación de vuelos y transportes de mercancías en todo el mundo, el daño a las economías y la previsible contracción de las contribuciones que hacen los países a la ayuda humanitaria son la receta para una pandemia de hambre que quitará de en medio a más gente que el virus mismo, rematando a los más vulnerables.

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