En primera línea Abdellatis Raiss: «Mis padres me educaron para ayudar»

Vecino de Vitoria desde 2005, el marroquí colabora con la Cruz Roja en todo lo que puede y se forma para conseguir empleo

El Correo, JUDITH ROMERO, 20-04-2020

La solidaridad y el tiempo que dedica a los demás articulan la jornada de Abdellatis Raiss. A sus 60 años este marroquí afincado en Vitoria desde 2005 no duda en repartir mascarillas en el transporte público pese a exponerse al contagio. El voluntario de Cruz Roja no descansa y, tras devolver la ambulancia a la sede de Portal de Castilla, se prepara para continuar ayudando a los demás en el frontón Lakua, el hogar temporal de los sin techo durante la pandemia.

«Soy así, mis padres me educaron para ayudar a los demás. No tengo miedo de contagiarme, hemos hecho una buena formación online y trabajamos con cuidado», explica Raiss, quien colabora con la institución humanitaria desde 2016. En posesión de títulos de primeros auxilios, socorrismo y apoyo psicológico, este antiguo montador de cine analógico solía acompañar a Cruz Roja en los dispositivos de seguridad de partidos y fiestas populares. Con todos ellos suspendidos, no renuncia a colaborar como puede mientras continúa buscando un empleo con el que ganarse la vida y dejar atrás el subsidio, aunque «eso tenga que esperar a que todo esto pase».

Una de las ilusiones de Raiss es ponerse al volante de un autobús, pero con los desplazamientos reducidos a su mínima expresión tendrá que ser paciente. «Me saqué el carné de conductor, voy a todos los cursos que puedo», asegura. En los últimos tiempos ha entregado medicinas en casas, hoteles y pueblos. Se implica en todo tipo de causas. «He colaborado en Stop Desahucios, he estado involucrado en las ampas de mis hijas…», enumera Raiss, padre de cuatro. Orgullosas de él, comprenden su pasión por ayudar y le animan a seguir haciéndolo. «Mi familia de Marruecos está algo más asustada por las noticias que escuchan sobre España. Me llaman y me dicen que tenga cuidado, pero yo creo que Dios me protege», sonríe.

A Raiss le gustaría que historias como la suya contribuyeran a que parte de la sociedad deje de tener una mala imagen de los inmigrantes. Gracias a su lengua, estos días apoya a familias recién llegadas que tienen dificultades para comunicarse y, en algunos casos, no comprenden del todo la situación extraordinaria originada por el virus. «Con las fronteras cerradas hay mujeres que se han quedado solas con sus hijos y sin ingresos. Les da miedo salir a la calle y no saben dónde acudir», señala Raiss mientras se prepara para el turno de la comida en el frontón Lakua.

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