«¿Cómo voy a tener 2.000 euros en mi cuenta del banco si vivo en la calle?»

Extutelados por la Diputación que se han quedado sin papeles tras endurecer Extranjería los criterios se concentrarán el viernes en Donostia

Diario Vasco, ARANTXA ALDAZ San Sebastián, 11-03-2020

Los ‘exmenas’ de Gipuzkoa se rebelan. Los jóvenes extranjeros que han estado tutelados por la Diputación y se han quedado en situación irregular al cumplir la mayoría de edad quieren dejar de ser invisibles. Alzan la voz para denunciar su situación administrativa y pedir a la Subdelegación del Gobierno que les dé «tiempo para formarse y encontrar un trabajo» y así poder cumplir los requisitos económicos que ahora se les exige para renovar su permiso de residencia. «¿Cómo voy a tener 2.000 euros en la cuenta si vivo en la calle?», resume la frustración del colectivo Mohamed Amine Charaf, marroquí de 21 años, uno de los tres jóvenes extranjeros que ayer leyeron un comunicado en euskera, castellano y marroquí frente a la sede de la Subdelegación en Donostia. «Yo solo quiero trabajar, de lo que sea, como si es picando piedra. Pero no es fácil encontrar un empleo. Te piden experiencia y papeles. Y sin papeles es difícil encontrar trabajo», expone Abdelaziz Thariou. Los chavales no van a quedarse de brazos cruzados y se concentrarán este viernes a las 19.00 horas en el Boulevard de la capital guipuzcoana. ‘Queremos aportar, ¿nos dejáis? Ez moztu gure hegoak’, rezaba la pancarta que ayer desplegaron.

Tal y como adelantó este periódico, desde hace un año, la oficina de Extranjería de Gipuzkoa pide a los extranjeros extutelados que acrediten medios de vida propios, lo que significa que al año de cumplir la mayoría de edad para renovar su permiso de residencia, tienen que tener en torno a 500 euros (el 100% del Iprem). A los dos años, en la segunda renovación, les piden más de 2.000 euros (cuatro veces el Iprem). Y si no, un contrato de trabajo de un año con el Sueldo Mínimo Interprofesional (950 euros). «¿Cuántos jóvenes de Gipuzkoa tienen un contrato con estas condiciones?», se preguntan. Antes podían acreditar estos requisitos mediante informes de las entidades sociales que los acogen o a través de ayudas públicas para su emancipación, pero ya no valen. El Gobierno recalca que el cambio obedece al cumplimiento de dos sentencias del Tribunal Supremo que exige la aplicación de la Ley de Extranjería sin excepciones. La situación afecta a otras comunidades, donde también los extutelados y las asociaciones han empezado a movilizarse.

El cambio en Gipuzkoa ha dejado a al menos 50 ‘exmenas’ en situación irregular, porque las condiciones nuevas son «insalvables», imposibles de cumplir, según ha denunciado la propia Diputación y las entidades sociales. Hoy mismo, la institución foral vuelve a reunirse en la Subdelegación para tratar el tema.

Renunciar a la formación
Mohamed ha presentado la documentación para que le renueven su permiso de residencia pero sabe que se lo denegarán. «He presentado como medios económicos el hecho de estar con Cáritas». Vive en la calle, y acaba de lograr plaza en el Hotzaldi, el centro que tiene la ONG de la Iglesia, donde podrá dormir a cubierto. «No puedo trabajar porque no tengo permiso, solo como menor. Estoy formándome. Estudio cocina. Son dos años de curso». Los profesores de los chavales ya advierten de que las nuevas condiciones les obligan a rechazar grados medios y superiores y a hacer solo cursos de corta duración, de renunciar a su formación.

«Prefiero vivir en la calle sin papeles en Gipuzkoa que volver a Marruecos a vivir como en una cárcel, sin poder respirar»
ABDELAZIZ TAHRIOU21 AÑOS

Abdelaziz Tahriou tiene que pedir la renovación en un mes. Como Mohamed, llegó siendo menor a Melilla y luego, tras pasar por varias ciudades andaluzas, recaló en Gipuzkoa. Probó suerte antes en la hostelería en Tenerife, de donde se trajo una mezcla de acento marroquí y canario. Ahora vive en Gipuzkoa, sin techo propio. Duerme «en casas de amigos y también en la calle». Tiene claro que se quiere quedar aquí, con o sin papeles. «Es mejor vivir libre aquí en la calle que en Marruecos como en una cárcel sin poder respirar».

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