Solidaridad en peligro

El intolerable ataque sufrido por Zaporeak en Lesbos subraya la catástrofe humanitaria a la que se ven abocados miles de refugiados

Diario Vasco, EDITORIAL, 02-03-2020

El ataque a manos de un grupo de neonazis sufrido por los miembros de la ONG guipuzcoana Zaporeak y Estrella Vallejo, la redactora de este periódico que les acompaña en su misión solidaria, constituye un inquietante epìsodio más en las penurias que soportan los 20.000 refugiados hacinados en el campo de Moria, en la isla griega de Lesbos. Una vivencia cotidiana infernal que no solo tiene que ver con la falta de alimentos, con la insalubridad que todo lo pervierte, con unas condiciones de subsistencia que ni siquiera merecen tal nombre. También con la inseguridad constante sobre lo que ocurrirá en una ratonera abonada a la vulneración más primaria de los derechos humanos. La irrupción de bandas fascistas para refrenar la entrada de nuevos refugiados al centro de recepción más poblado de Europa refleja la intolerancia más extrema y excluyente hacia los que huyen de la guerra, de la miseria, de la vulnerabilidad más absoluta. Los integrantes de Zaporeak y sus compañeros de viaje regresaban de repartir los menús que cocinan a diario para tratar de aliviar la precariedad en la que sobreviven los hombres, las mujeres y los niños a los que atienden, muchos de ellos los más frágiles entre los frágiles. El sabotaje, con el miedo inoculado y los destrozos causados, no solo representa una intolerable maniobra de amedrentamiento de las organizaciones no gubernamentales que trabajan a pie del terreno. Implica dejar sin lo más elemental, la comida, a todos los refugiados que dependen de ese mínimo gesto de solidaridad. De los alimentos que permiten salvaguardar la humanidad en un lugar que parece tan abandonado a su suerte como Moria.

Europa se encamina a otra crisis de acogida de quienes huyen de la guerra en Siria después de que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, haya utilizado a los solicitantes de asilo como moneda de cambio para presionar a la UE por lo que interpreta como una falta de compromiso de sus posiciones en la región. Se calcula que 30.000 refugiados vagan en torno a la frontera entre Turquía y Grecia, instigados por los bulos sobre una falsa apertura de las lindes europeas y con el telón de fondo del pulso militar por el enclave de Idlib que libran el Gobierno de Erdogan y el de Bashar el-Asad. Nueve años de guerra en Siria, con cientos de miles de desplazados, solo invitan a la desconfianza sobre la voluntad de las potencias internacionales –con intereses divergentes en la zona– y sobre el poder de la UE para impedir una nueva catástrofe humanitaria.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)