La guerra de Siria salpica a Europa

La situación desencadenada por Erdogan debería aleccionar a la UE por su tibieza con el régimen de Al Asad y llevarla a asumir sus responsabilidades

El Periodico, , 01-03-2020

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha convertido en un arma política de primer orden a los refugiados que acoge su país. A fin de presionar a los socios de la OTAN y de la Unión Europea para que lo apoyen en la crisis que lo enfrenta al régimen sirio y quizá a Rusia, usa la apertura de fronteras para que los desplazados enfilen así el camino de Europa y, de paso, acusa a los Veintisiete de no cumplir el compromiso de pagarle el total de los 6.000 millones de euros prometidos para cerrar el paso a un mínimo de 3,7 millones de seres humanos que huyen de la guerra, el hambre y la persecución ideológica. Un panorama al que no es ajena la impericia de los socios europeos para gestionar a partir de la crisis del 2015 la tragedia humana del flujo de refugiados que buscaban un futuro del que carecían y carecen.

La situación desencadenada por Erdogan debería aleccionar a la Unión Europea por su tibieza con el régimen de Bashar al Asad y, de paso, llevarla a asumir responsabilidades que la atañen directamente en vez de poner en manos de terceros soluciones tan volátiles e incontrolables como el acuerdo con Turquía. Las voces que se alzaron en el 2016 para poner en duda la condición de Turquía como país seguro para la suerte de los refugiados estaban cargadas de razón; los sucesos de estos días han ratificado que a las puertas de Europa se incuba un problema de grandes dimensiones, cuya gestión se aplazó de la peor manera posible. Si entonces se puso en duda la solvencia del Gobierno turco para cuidar de los refugiados, resulta que ahora el régimen turco forma parte del problema.

Con ser todo esto extremadamente grave, lo es todavía más la vulnerabilidad acrecentada de quienes, inducidos por Ankara, pretenden cruzar la frontera griega y allí solo encuentran gases lacrimógenos y una barrera policial infranqueable. Puede decirse que Europa quiso desentenderse hace cinco años de una dramática crisis migratoria y hoy se encuentra a un paso de tener que encarar un conflicto mucho mayor: verse afectada por la suerte de una guerra, la de Siria, cuya repercusión degeneró hace mucho tiempo en crisis regional.

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