EDITORIAL

El muro de Johnson

La nueva política migratoria británica explica el Brexit, porque no tendrían cabida en la UE la deshumanización y el supremacismo que entraña

Diario Vasco, , 21-02-2020

El Brexit de Boris Johnson ya ha mostrado su verdadera faz. La mayoría de gobierno de que goza le ha permitido alardear de las características que desearía para la población del Reino Unido. Los nacionales y aquellos migrantes que arriben dominando el idioma inglés, con un contrato laboral en una empresa certificada que les asegure ingresos superiores a 25.000 euros anuales, y preferentemente con un doctorado en Ciencia, Tecnología, Ingeniería o Matemáticas. A lo que se añadiría una valoración especial para los empleados en sectores con escasez de profesionales en Gran Bretaña. Todo con la finalidad de que la economía británica opte por «invertir en la retención de sus trabajadores, en su productividad, y en un mayor desarrollo tecnológico». Con su particular ‘muro’, Johnson trata de atender a la pulsión identitaria y xenófoba que anida en el Brexit, aun a costa de impedir la entrada de personas que puedan contribuir al crecimiento del país y participar de él desde el desempeño de tareas poco cualificadas pero que requieren de oficio. Al tiempo que dibuja una sociedad compuesta por autóctonos y por ciudadanos que merezcan su acogida por el valor de sus conocimientos. Un proyecto en el que el nacionalismo más exacerbado se da la mano con un clasismo a compartir entre británicos de sangre y migrantes poco menos que exclusivos. La iniciativa explica el Brexit, porque no tendría cabida en la Europa de la Unión por la deshumanización, la insolidaridad y el supremacismo que entraña. Pero se contradice de tal manera con la realidad sociológica y económica del actual Reino Unido, optando por diseñar un futuro país de las élites del arraigo nacional y el conocimiento importado, que incurre en la irrealidad además de en la ignominia. Hasta hoy Londres y Reino Unido han sido la meta a la que han aspirado millones de personas que querían crecer y que querían vivir en libertad. Es muy probable que Boris Johnson haya impulsado las nuevas condiciones para acceder a Gran Bretaña desde la jactancia de quien se cree primer ministro de una meca global. Pero Reino Unido corre el riesgo de que quienes deseaban poder vivir allí acaben dando la espalda a la perspectiva de tener que demostrar primero su aptitud, y luego mostrar un agradecimiento infinito al estatus de excepción que les conceda el Brexit de Johnson.

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