MENOR FLUJO MIGRANTE
El descenso del último año convive con la persistencia de un compromiso suficiente entre todos los países de la Unión Europea para afrontar este problema
Diario Vasco, , 10-02-2020La llegada de migrantes descendió a la mitad en Euskadi durante el año pasado, aliviando la situación de los centros vascos de acogida en los que fueron atendidas un total de 4.244 personas, la mayoría de ellas en el albergue de Irun. La disminución experimentada en el número de migrantes que se acercaron a Euskadi en 2019 es proporcional a la evolución a la baja de las llegadas anuales en patera a las costas españolas, que registraron también un descenso del 54,5%. La migración continuada de personas que, procedentes de diferentes zonas de África, intentan llegar al continente europeo, pone cada día en evidencia la incapacidad de la UE de afrontar esta lamentable situación con una política eficaz y coordinada. Lo que aflora no es únicamente un escollo económico a la hora de gestionar un fenómeno tan complejo. La determinación de las personas que se juegan una vida que sienten perdida en sus lugares de nacimiento supera las barreras burocráticas y los recursos disponibles. Lo que emerge es la inexistencia de un compromiso suficiente entre todos los países de la Unión, tal y como ha quedado patente tras la celebración de cada cumbre comunitaria. Los flujos de migrantes desembarcan en las costas españolas o en las del resto de Estados bañados por el Mediterráneo, porque esa es su puerta de acceso, pero llegan para asentarse en cualquier lugar del territorio europeo por lo que el conjunto de la Unión Europea no puede desentenderse de la presión migratoria principal que deben afrontar los países costeros. Los programas de cooperación efectivos en los puntos de origen, la atención de los extranjeros que sobreviven a los viajes en patera y el combate contra las mafias, requieren recursos. No obstante, afrontar este desafío interpela a los valores fundacionales europeos y precisamente por ello exige un compromiso sólido que obligue a todos los estados europeos a levantar un dique de contención frente a la amenaza de un populismo xenófobo, que ha aflorado en algunos dirigentes comunitarios, poniendo en peligro la fortaleza de los valores fundacionales de la Unión Europea.
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